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Pronunciamientos Sociales en Español | La Iglesia en
la Sociedad

Este pronunciamiento para la enseñanza social fue
adoptado por más de dos tercios de los votos en la segunda Asamblea
General bienal de la Iglesia Evangélica Luterana en América, Orlando,
Florida, 28 de agosto al 4 de septiembre de 1991.
La Iglesia Evangélica Luterana en América está llamada a ser parte
de la Iglesia ecuménica de Cristo en el contexto donde Dios la ha
situado—una sociedad global diversa, dividida, y amenazada, en un
hermoso, frágil planeta. En fidelidad a su llamado, esta iglesia está
comprometida a defender la dignidad humana, acompañar a los pobres e
indefensos, abogar por la justicia, trabajar por la paz, y a
encomendarse al cuidado del planeta en los procesos y las estructuras
de la sociedad contemporánea.
Este pronunciamiento, La iglesia en la sociedad: una perspectiva
luterana, expone afirmaciones y compromisos que buscan guiar la
participación de esta iglesia en la sociedad. Procura ser fiel al
mandato de esta iglesia de confesar y enseñar tanto la ley y el
evangelio como la palabra íntegra del Dios trino. Esta iglesia da
testimonio del Dios viviente—Padre, Hijo, y Espíritu Santo—quien con
amor crea, juzga y preserva al mundo, y lo redime, santifica y conduce
hacia la plenitud en el reinado de Dios.
Afirmaciones
El evangelio y la iglesia
La iglesia, el pueblo de Dios bautizado, es creado por el Espíritu
Santo a través del evangelio para proclamar y seguir al Mesías
crucificado de Dios. Como la asamblea de los niños, jóvenes, hombres y
mujeres que escuchan, creen, y reciben al Cristo viviente en la
Palabra y los Sacramentos, la iglesia testimonia en palabra y acción a
Jesús como Señor y Salvador.
La proclamación del evangelio como la buena noticia de la salvación
de Dios dada en la vida, muerte, y resurrección de Jesús, distingue a
la iglesia de toda otra comunidad. El evangelio libera del pecado, la
muerte, y el mal, y promueve en la iglesia la atención y el cuidado
del prójimo y de la creación.
El testimonio de esta iglesia en la sociedad emana de su identidad
como comunidad que vive de, y para, el evangelio. La fe es activa en
el amor; el amor busca la justicia en las relaciones y estructuras
sociales. Es en respuesta agradecida a la gracia de Dios en Jesucristo
que esta iglesia lleva a cabo su responsabilidad por el bienestar de
la sociedad y el medio ambiente.
La Palabra y los Sacramentos son el fundamento que da origen a la
misión de esta iglesia en el mundo a través de sus miembros
bautizados, congregaciones, sínodos, la estructura global de la
iglesia, organizaciones de mini-sterio social, e instituciones
educativas. A través de la predicación, la enseñanza, los sacramentos,
las Escrituras, y "la conversación y consolación mutua,"1 la iglesia
es reunida y configurada por el Espíritu Santo a fin de ser una
presencia servicial y liberadora en el mundo. Al orar por la paz del
mundo entero, e intercediendo por aquellos que sufren y los que
ejercen la autoridad, la iglesia sirve al mundo. La iglesia agradece a
Dios por las bendiciones conferidas en la creación, y ruega ser
habilitada y capacitada para realizar la voluntad de Dios en la
sociedad.
La iglesia universal
La Iglesia Evangélica Luterana en América es parte de la iglesia
"una, santa, católica y apostólica." Su testimonio en la sociedad es
informado por la historia y las diversas tradiciones teológicas de la
única iglesia de Jesucristo. Los sufrimientos y las esperanzas de las
iglesias en Africa, Asia, Australia, Europa y las Américas, fortalecen
su vida y llamado.
Como miembro de la comunidad luterana mundial, la Iglesia
Evangélica Luterana en América se encuentra unida a otras iglesias del
globo en una tradición y misión en común. Esta iglesia se basa en el
legado de más de trecientos años de presencia luterana en los Estados
Unidos y el Caribe, y afirma la diversidad cultural, racial y étnica
como un aspecto vital de su identidad.
La iglesia ‘en' pero no ‘del' mundo
A través de la fe en el evangelio, la iglesia ya toma parte en el
reinado de Dios anunciado y encarnado en Jesús. Sin embargo, todavía
espera la re-surrección de los muertos y la realización plena de la
creación entera en el futuro prometido por Dios. En este tiempo del
"ya ... pero todavía no," la iglesia vive en dos eras—la era presente
y la era por venir. La iglesia está ‘en' el mundo, pero no es ‘del'
mundo.
El evangelio no arranca a la iglesia del mundo sino que la llama a
afirmarlo y a entrar más profundamente en él. A pesar de su cautiverio
en el pecado y la muerte, el mundo es la creación beneplácita de Dios
donde, debido a su amor, Dios en Jesucristo se hizo carne. La iglesia
y el mundo tienen un destino común en el reinado de Dios. La iglesia
actúa en favor del mundo en esperanza y oración: "Venga a nosotros tu
Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo."
El evangelio no permite la acomodación de la iglesia a las maneras
del mundo. La presencia y la promesa del reinado de Dios disturba e
inquieta a la iglesia con respecto a la violencia y a las rupturas
presentes en el globo. Actuar en favor del mundo de Dios requiere la
resistencia y la lucha contra los males del mundo.
La iglesia es "una nueva creación ... de Dios" (2 Corintios
5:17-18), pero aún es parte de la humanidad caída compartiendo
plenamente la ruptura del mundo. Es una comunidad de santos, un pueblo
justificado delante de Dios a causa de la entrega amorosa de Jesús,
pero al mismo tiempo es una comunidad de pecadores. Arrepentimiento,
perdón, y renovación, carac-terizan a la iglesia que vive bajo la cruz
con la esperanza de la llegada en plenitud del reinado de Dios.
La responsabilidad de la iglesia en la sociedad
En su testimonio de Jesucristo, la iglesia anuncia que el Dios que
justifica espera que todos los seres humanos actúen en pos de la
justicia. Las exigencias buenas y justas de Dios consignan a las
personas en las obligaci-ones de sus relaciones y los desafíos del
mundo. A través de la actividad divina de la ley, Dios preserva la
creación, ordena a la sociedad, y promueve la justicia en un mundo
quebrado.
Dios actúa a través de la familia, la educación, la economía, el
estado, y de otras estructuras necesarias para la vida en la era
presente. Dios instituye, por ejemplo, a las autoridades gobernantes
para servir al bienestar de la sociedad.2 La iglesia respeta las
autoridades gobernantes y otras estructuras seculares—cuya integridad
y tareas son conferidas por Dios—considerándolas responsables ante El.
Esta iglesia tiene que participar en las estructuras sociales
críticamente, dado que el pecado también actúa en el mundo. Las
estructuras y procesos sociales compaginan dinámicas de vida y de
muerte en combinaciones complejas y en grados diversos. Esta iglesia,
por lo tanto, debe unir realismo y visión, sabiduría y coraje en su
responsabilidad social. Necesita discernir constantemente cuándo debe
apoyar y cuándo confrontar los modelos culturales, valores, y poderes
de la sociedad.
Como presencia reconciliadora y sanadora, esta iglesia está llamada
a ejercer su ministerio ante las necesidades humanas con compasión e
imaginación. Procura encontrar nuevos caminos para enfrentar y tratar
los problemas sociales emergentes, como asimismo la degradación del
medio ambiente. Esta iglesia tiene la responsabilidad de mediar en los
conflictos y de abogar por soluciones justas y pacíficas en las
discordias globales. Debería apoyar instituciones y políticas que
sirvan al bien común, y trabajar con y aprender de otros en el cuidado
y la transformación de la sociedad global.
Como presencia profética, esta iglesia tiene la obligación de
nombrar y denunciar los ídolos venerados por la gente, identificar el
poder del pecado presente en las estructuras sociales, y apoyar con
esperanza al pueblo pobre y desposeído de poder. Cuando estructuras,
ideologías, o autoridades religiosas o seculares proclaman ser
absolutas, la iglesia sostiene que, "Hay que obedecer a Dios antes que
a los hombres" (Hechos 5:29).3 Junto a Martín Lutero, esta iglesia
entiende que "reprender" a aquellos en autoridad "a través de la
palabra de Dios proclamada pública y honestamente" no es "sedición,"
sino que es "una loable, noble, y ... particularmente, un gran
servicio a Dios."4
Debido a que la iglesia es tanto humana como divina, tanto pecadora
como santa, ella también vive tanto bajo la ley como el evangelio. Al
igual que toda comunidad, la iglesia tiene una dimensión
institucional. Esta iglesia debe asegurarse de que su propia vida
institucional, sus relaciones con otras instituciones, y sus esfuerzos
por influir en la sociedad, sean gobernadas por la ley de Dios,
expresen su identidad, y sirvan a su misión.
La vocación bautismal de los cristianos
Una de las maneras por la cual la iglesia participa en la sociedad
es a través de sus miembros. Muriendo al pecado y resucitando con
Cristo en el bautismo, los cristianos son llamados a "caminar en una
nueva vida" (Romanos 6:1-11). Cumplen su vocación bautismal en la vida
diaria como miembros de familia, amigos, ciudadanos, trabajadores, y
como participantes de asociaciones voluntarias. Siendo que "la vida
diaria es el marco principal para el ejercicio del llamado
cristiano,"5 es en esta instancia donde los cristianos sirven a Dios y
al prójimo.
Esta iglesia sostiene a sus miembros bautizados en sus diversos
llamados a través del ministerio de la Palabra y los Sacramentos. Los
dones del Espíritu forman y transforman al pueblo de Dios para el
discipulado en la vida diaria. En el cuerpo de Cristo, el carácter, la
perspectiva, y las convicciones morales de los cristianos son
moldeadas de maneras distintivas. Jesús libera a los cristianos para
servir a los demás y para caminar con el pueblo hambriento, olvidado,
oprimido y despreciado. El ejemplo de Jesús invita a los cristianos a
reconocer como "prójimo" a gente cercana y lejana, pueblos de todas
las razas, clases, y culturas, amigos y extraños, aliados y enemigos.
Los cristianos valoran la familia y el matrimonio, y perciben sus
oficios y quehaceres como un medio por el cual pueden expresar su
vocación bautismal. En estas instancias experimentan tanto gozo como
sufrimiento, y descubren el poder sustentador de la fe. Este poder los
capacita para subsanar relaciones, desafiar lo que deshumaniza,
confrontar los obstáculos estructurales que impiden la justicia, y
procurar gestiones y medidas más humanizantes en sus espacios de
responsabilidad.
Los cristianos también ejercitan su llamado siendo ciudadanos
sabios y activos. Para algunos, esto puede significar el servicio en
un cargo público. Junto a todos los ciudadanos, los cristianos tienen
la responsabilidad de defender los derechos humanos y de luchar por la
libertad, la justicia, la paz, la protección del medio ambiente, y el
buen orden en la vida pública. Deben reconocer el rol vital de la ley
en la protección de la vida y la libertad, como así también en el
mantenimiento del bien común. Los cristianos deben interesarse en los
métodos y contenidos de la deliberación pública. Deberían ser críticos
cuando grupos o sectores de la población se encuentran inadecuadamente
representados en los procesos y decisiones políticas que afectan sus
vidas.
Un modo significativo por el cual los cristianos ejercen su
ciudadanía es a través de la participación en asociaciones y
movimientos voluntarios, tanto religiosos como seculares. En ciertas
ocasiones estos grupos pueden servir una función profética cuando
protestan en contra de ciertos males, cuestionan suposiciones
asumidas, desafían prácticas inmorales e injustas, y cuando organizan
y promueven cambios estructurales en el lugar de trabajo, la comunidad
local y en el mundo en general.
Una comunidad de deliberación moral
Los cristianos cumplen su vocación de maneras diversas, y cuentan
con una variedad de dones derramados por el Espíritu. Por lo tanto, en
numerosas ocasiones pueden encontrarse en profundo desacuerdo sobre
las maneras y formas de responder a las cuestiones sociales. Unidos a
Cristo y a todos los creyentes en el bautismo, los cristianos acogen y
celebran su diversidad. Debido a que comparten convicciones comunes de
fe, están libres, en realidad obligados, a deliberar de manera
conjunta sobre los desafíos que enfrentan en el mundo.
La deliberación en esta iglesia presta atención tanto a la Palabra
de Dios como al mundo de Dios, a la vez que a la relación entre ambas.
Esta iglesia percibe al mundo a la luz de la Palabra de Dios, y
comprende esta palabra desde su contexto en el mundo. Esta iglesia
tiene que basarse en la revelación de Dios, el don de la razón
otorgado por Dios, y la guía del Espíritu Santo.
Las Escrituras son la fuente normativa en la deliberación de esta
iglesia. A través del estudio de las Escrituras, los cristianos
procuran discernir lo que Dios requiere en la iglesia y en el mundo.
Debido a la diversidad en las Escrituras, y debido a la distancia del
mundo contemporáneo con respecto al mundo bíblico, es necesario
escudriñar cuidadosamente los textos en su propio contexto, e
interpretarlos fielmente para el mundo de hoy. En su testimonio a la
Palabra de Dios, los credos ecuménicos y las confesiones luteranas
guían el enfoque de esta iglesia con respecto a las Escrituras. La
historia de la iglesia y las diversas tradiciones la instruyen en su
deliberación.
Transformada por la fe, esta iglesia en su deliberación cuenta con
las aptitudes humanas otorgadas por Dios de querer, pensar y sentir.
Esta iglesia se halla abierta para aprender de la experiencias,
conocimientos, e imaginación de toda la humanidad, a fin de poseer la
mejor posible información y conocimiento del mundo de hoy. Para actuar
justa y efectivamente, esta iglesia necesita analizar críticamente los
temas sociales y del medio ambiente, e indagar las razones por las
cuales la situación se encuentra en su presente estado.
La deliberación en esta iglesia debería incluir gente—ya sea en
persona o a través de sus obras u otras expresiones—con diversas
experiencias de vida, perspectivas e intereses. En la medida de lo
posible, personas como las siguientes deberían deliberar entre ellas y
con otras:
- aquellas personas que son afectadas y sufren con el problema a
tratar;
- aquellas personas cuyos intereses o seguridad estén en juego;
- pastores, obispos, teólogos, eticistas y otros maestros de esta
iglesia;
- personal embarcado en tareas de abogacía;
- expertos en las ciencias sociales y naturales, las artes y las
humanidades.
Como comunidad de deliberación moral, la iglesia busca "discernir
cuál es la voluntad de Dios—que es lo bueno, lo aceptable y lo
perfecto" (Romanos 12:2). Los cristianos se enfrentan juntos a los
problemas sociales, a fin de discernir mejor cómo vivir fiel y
responsablemente desde el ámbito de su vocación. Los procesos de
deliberación deben informar y guiar el testimonio como cuerpo de esta
iglesia en la sociedad. Al tratar abierta y creativamente con el
desacuerdo y la controversia, esta iglesia espera contribuir a la
búsqueda del bien individual y común en la vida pública.
Compromisos
A la luz de estas afirmaciones, la Iglesia Evangélica Luterana en
América establece los siguientes compromisos:
Apoyar y sostener las vocaciones
La Iglesia Evangélica Luterana en América se compromete a sostener
y apoyar a sus miembros en su vocación bautismal de servir a Dios y a
su prójimo en la vida diaria. A través de sus congregaciones, sínodos,
y la estructura global de la iglesia, y junto a las instituciones
afiliadas y los ámbitos ecuménicos donde participa, esta iglesia, por
lo tanto, se compromete a:
- fomentar en sus miembros una fe que sea activa en el amor, un
amor que busque la justicia, y una perspectiva que discierna qué es
lo correcto, lo bueno y lo adecuado;
- ayudar a que sus miembros ejerciten, en sus respectivos
llamados, el amor al prójimo, el cuidado de la creación, el
procuramiento de justicia y misericordia en situaciones de ruptura,
y buscar la paz allí donde haya conflicto.
- unirse a otros para remover los obstáculos de discriminación e
indiferencia que impiden a la gente la vivencia y el cumplimiento de
sus llamados.
- promover entre sus miembros una práctica ciudadana sensata,
crítica, y creativa, como así también el servicio público;
- trabajar para la promoción de los procesos democráticos tanto en
el territorio comprendido por nuestra iglesia como así también en el
mundo, y corregir la persistente desigualdad social y económica que
impide a muchos la participación efectiva en estos procesos;
- alentar en los ciudadanos-miembros su participación en las
deliberaciones públicas a todos sus niveles, particularmente a
través de organizaciones que median entre la vida pública y privada,
y tomar parte de acciones proféticas.
Testimoniar como institución
La Iglesia Evangélica Luterana en América se compromete a servir a
Dios y al prójimo en su vida y trabajo como institución. A través de
sus congregaciones, sínodos, y la estructura global de la iglesia, y
junto a las instituciones afiliadas y a los ámbitos ecuménicos donde
participa, esta iglesia se compromete a:
- adoptar políticas y prácticas institucionales que ejemplifiquen
sus creencias y valores y que realce su misión;
- apoyar a sus organizaciones sociales y educativas en sus
respuestas a las necesidades humanas;
- apoyar a las congregaciones e instituciones afiliadas a tomar
parte en ministerios que promuevan el bienestar de la comunidad
humana y el medio ambiente, y que faculte al pueblo a ganar acceso e
influencia en los sistemas que rigen sus vidas;
- desarrollar declaraciones sociales, por medio de procesos
participativos de estudio y reflexión teólogica, que guíen la vida
de la iglesia como institución, e informen a las conciencias de sus
miembros en el espíritu de la libertad cristiana;
- expresarse sobre temas actuales y urgentes sobre los cuales la
voz de esta iglesia debería ser escuchada;
- contar, sobre la base profética de la palabra de Dios, con la
oración y exhortación de sus pastores, obispos, y líderes laicos, en
referencia a los que ocupan posiciones de autoridad;
- trabajar con y a favor de los pobres, los marginados, y junto a
los que sufren, usando su poder e influencia en los cuerpos de
decisión política y económica para desarrollar y abogar políticas
que avancen la justicia, la paz, y el cuidado de la creación;
- mediar para que se logren soluciones justas y pacíficas a los
conflictos sociales;
- participar en organizaciones ecuménicas locales, nacionales e
internacionales, como así también en asociaciones interconfesionales
y ecuménicas al servicio de metas comunes.
Deliberar sobre temas sociales
La Iglesia Evangélica Luterana en América se compromete a promover
la deliberación moral sobre los temas sociales. A través de sus
congregaciones, sínodos, y la estructura global de la iglesia, junto a
instituciones afiliadas y a los ámbitos ecuménicos donde participa,
esta iglesia se compromete a:
- ser una comunidad donde se espere y se apoye la deliberación
abierta, intensa y respetuosa sobre temas desafiantes y
controvertidos de la sociedad contemporánea;
- incluir en el proceso deliberativo personas y/o grupos de
diversas perspectivas, clases, sexos, edades, razas, y culturas, de
manera que sean ampliados cada uno de nuestros limitados horizontes,
y que el testimonio del cuerpo de Cristo en el mundo sea realzado;
- contar con los rescursos de la fe y de la razón—las Escrituras,
la historia de la iglesia, conocimientos y experiencias
personales—para aprender y discernir cómo responder a los desafíos
contemporáneos a la luz de la Palabra de Dios;
- confrontar a través de procesos deliberativos las problemáticas
que el pueblo de Dios enfrenta, a fin de aprestarlos en su
discipulado y ciudadanía en el mundo;
- arrivar a posiciones que guíen su testimonio institucional a
través de procesos participativos de deliberación moral;
- contribuir a la edificación del bien común y la revitalización
de la vida pública a través de procesos deliberativos abiertos e
inclusivos.
El Amor Fiel de Dios
La iglesia posee el "tesoro" del evangelio "en recipientes de barro
para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de
nosotros" (2 Corintios 4:7). Nosotros, en la Iglesia Evangélica
Luterana en América, exponemos estas afirmaciones y compromisos orando
para que nuestras palabras y obras lleguen a ser recipientes de barro
que den testimonio del poder de la cruz. Cuidamos de nuestro mundo y
servimos a nuestro prójimo en la sociedad con la gozoza confianza de
que sólo la fidelidad de Dios sostiene a la iglesia y renueva nuestra
fe, esperanza, y amor.
Nuestro testimonio es una respuesta a la fidelidad del amor de Dios
recibidos en la Palabra y los Sacramentos. El pan y el vino, el cuerpo
y la sangre de Cristo son un sacramento de amor. Ya que se te brinda
amor y sostén, tú a la vez deberás rendir amor y sostén a Cristo a
través de los más pequeños. Deberás sentir con tristeza el deshonor
hecho a Cristo en su santa Palabra, toda la miseria de la Cristiandad,
todo el sufrimiento injusto del inocente con los cuales el mundo está
lleno y rebozante. Deberás luchar, trabajar, orar, y—si no puedes
hacer más—tener una sincera simpatía.6
1. "Artículos de Esmalacalda," Parte III, art. IV. Las citas
del Libro de concordia son extraídas de la edición preparada por
Andrés Meléndez, (Saint Louis: Concordia Publishing House, 1989).
2. La Constitución de la Iglesia Evangélica Luterana en
América, 4.03.n., establece que "esta iglesia ... colaborará con las
autoridades civiles en areas comunes, manteniendo la separación
institucional entre la iglesia y el estado en una relación de
interacción funcional." El significado de "separación institucional e
interacción funcional" es desarrollado en la declaración "The Nature
of the Church and its Relationship with Government," Consejo Luterano
de los EE.UU., 1979.
3. Cfr. Confesión de Augsburgo, art. XVI.
4. Comentario al Salmo 82. Editado por Jaroslav Pelikan,
Luther's Works, Vol. 13: Selected Psalms II (St Louis: Concordia
Publishing House, 1956).
5. Constitución de la Iglesia Evangélica Luterana en
América, 4.01.e.
6. Martín Lutero, "El bendito sacramento del santo y
verdadero cuerpo de Cristo, y las hermandades" en Obras de Martín
Lutero, Vol. V, editado por Carlos Witthaus (Buenos Aires: Paidós,
1971).
Copyright © 1992 Evangelical Lutheran Church in
America.
Producido por el Departamento de Estudios de la División para la
Iglesia en la Sociedad. Permitida la reproducción de este documento
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