|
Pronunciamientos Sociales en Español | El Cuidado de
la Salud

Tal como fue enmendado y adoptado como pronunciamiento
social de la Iglesia Evangélica Luterana en América mediante votación
de la mayoría, compuesta por más de las dos terceras partes (935 - 34)
durante la octava Asamblea Nacional bienal, el 15 de agosto de 2003, en
Milwaukee, Wisconsin.
Introduction
La salud es central para nuestro bienestar, es vital para las relaciones y
nos ayuda a vivir nuestra vocación con la familia, en el trabajo y la
comunidad. Preocuparnos por la salud propia es una cuestión de necesidad
humana y de buena administración de lo que nos ha sido encomendado.
Preocuparnos por la salud de los demás expresa amor por nuestro prójimo
y sentido de responsabilidad por una sociedad más justa. Como
responsabilidad personal y social, el cuidado de la salud es un esfuerzo
compartido.
La crisis en la atención médica
Los avances en la prevención y el tratamiento de las
enfermedades ofrecen atención médica mejorada, sanación de algunas
enfermedades y vidas más extensas para muchas personas. La inversión de
la comunidad en la salud pública y la prevención incrementa y ofrece
calidad a la vida de muchos. Los progresos médicos prometen beneficios
revolucionarios para nuestro futuro. Y nos sentimos agradecidos por todo
esto.
Los seres humanos, no obstante, todavía somos finitos y
por lo tanto, vulnerables a las enfermedades, las lesiones y la muerte.
Sin embargo, vivimos en una cultura que con frecuencia niega la muerte y
el sufrimiento y coloca su fe en la tecnología para superarlos. Tales
actitudes culturales llevan a confiar cada vez más en medicamentos
curativos excesivamente costosos sin que logren alargar significativamente
la extensión de nuestras vidas o mejorar su calidad. Con demasiada
frecuencia también dejan a los individuos enfrentando solos los desafíos
éticos provocados por los avances en la medicina.
La atención médica en los Estados Unidos, sus
territorios y Puerto Rico sufre una crisis prolongada. Las personas
soportan sin necesidad una mala salud. Los costos de la atención médica
van en aumento y dejan a un número cada vez mayor de personas sin una
adecuada atención médica. Los recursos de la atención médica con
frecuencia se racionan según la capacidad para pagar, en lugar de hacerlo
según la necesidad del enfermo. Poder tener acceso a servicios de calidad
en la atención médica resulta difícil para muchos. El creciente número
de personas de la tercera edad añade otra fuente de tensión adicional
para los recursos de atención médica. El temor y el interés propio
derrotan a la justicia social en los procesos políticos de la reforma de
la atención médica.
El estrés que recae sobre individuos y familias a causa
de la incapacidad de la sociedad para diseñar un sistema de atención
médica adecuado hace que cada vez sea más urgente emprender acciones. La
amplitud y complejidad de los retos requiere que se entablen
conversaciones serias y estrategias decididas para establecer las
responsabilidades compartidas, personales y sociales que hagan posible una
buena salud. La salud de cada individuo depende de la atención de los
demás y del compromiso de la sociedad para proporcionar una atención
médica para todos.
La iglesia y la crisis de la atención médica
La Iglesia Cristiana está llamada a ser un participante
activo a la hora de diseñar un sistema de atención médica que resulte
justo y eficaz. Atender las súplicas de quienes se encontraban enfermos
fue parte integral de la vida y del ministerio de Jesús y ha sido un
aspecto central de la misión de la Iglesia a lo largo de su historia. La
atención médica y la sanación son manifestaciones concretas del
continuo interés de Dios por toda la creación y de su redención.
| En la
Iglesia Evangélica Luterana en América tenemos el compromiso
duradero de apoyar la atención médica para todas las
personals como esfuerzo compartido, y el de trabajar por
ella. |
|
En
la Iglesia Evangélica Luterana en América tenemos el compromiso duradero
de apoyar la atención médica para todas las personas como esfuerzo
compartido, y el de trabajar por ella. Nuestro compromiso se produce como
respuesta agradecida al amor salvífico de Dios en Jesucristo, que nos
libera para amar a nuestro prójimo y buscar su bienestar. Está moldeado
por el testimonio de las Escrituras —que incluye el ministerio de Jesús—
y las Confesiones Luteranas, junto con el ministerio histórico y
contemporáneo de la sanación y la salud de la Iglesia Cristiana. Nuestro
compromiso utiliza las capacidades recibidas de Dios para entender nuestra
situación y discernir nuestra respuesta.
Como miembros de la Iglesia Evangélica Luterana en América, y como
organismo corporativo, apoyamos:
-
Una percepción global de la atención médica como un
esfuerzo compartido por individuos, iglesias, gobierno y la sociedad
más amplia.
-
Una visión de atención médica y sanación que
incluya responsabilidades individuales, eclesiales y sociales.
-
Una visión del sistema de atención médica que se
base en la comprensión de la salud, la enfermedad, la sanación y la
atención médica dentro de un conjunto coherente de servicios1.
-
El acceso equitativo de todas las personas a los
servicios básicos de atención médica y a los beneficios de los
esfuerzos de salud pública.
-
Un fiel discernimiento moral que guíe la
participación individual y el diseño de políticas públicas en los
servicios de atención médica.
Dios sigue llamando a la Iglesia —a sus instituciones y
creyentes— para trabajar en sociedad en pro de acciones individuales y
colectivas que promuevan la salud y aseguren la atención para aquellos
que sufren. Comprender la atención médica como un esfuerzo compartido
obliga a la Iglesia y a todas las personas de buena voluntad a unir sus
esfuerzos en favor del cambio.
Perspectivas
bíblicas y teológicas
Salud
Dios crea a los seres humanos como personas integrales,
siendo que todas conforman una unidad dinámica de cuerpo, mente y
espíritu. La salud implica el funcionamiento adecuado y el bienestar
completo de la persona. Una perspectiva cristiana de la salud, por lo
tanto, comparte la preocupación del apóstol Pablo por que “Dios
nuestro Señor… nos conserve todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo
sin defecto alguno” (1 Tesalonicenses 5:23). Esta comprensión de la
integridad humana significa que la preocupación por la salud debe atender
a las
| La salud
es buena por sí misma; también es buena para vivir
abundantemente en relación con Dios y en servicio amoroso a
nuestro prójimo en la vocación para la que hemos sido
llamados por Dios. |
|
dimensiones
física, mental, espiritual y comunal del bienestar integral de una
persona. La salud es buena por sí misma; también es buena para vivir
abundantemente en relación con Dios y en servicio amoroso a nuestro
prójimo en la vocación para la que hemos sido llamados por Dios.
Puesto que los seres humanos somos mortales, el
sufrimiento y la muerte forman parte de la vida. La salud perfecta nos
elude. Aunque la salud depende en parte del comportamiento individual,
también se ubica en gran medida más allá del control individual. Muchos
factores contribuyen a la existencia o ausencia de salud: la genética,
los contextos físicos y sociales, los comportamientos individuales y el
acceso a la atención.2
Por nuestra naturaleza pecaminosa, con frecuencia nos
volvemos hacia nosotros mismos y nos alejamos de Dios y el prójimo. Con
frecuencia nos convertimos en administradores infieles de nuestra salud y
en ciertas ocasiones tendemos a descuidarla y en otras a convertirla en
nuestro ídolo. El pecado también corrompe nuestros sistemas sociales y
relaciones bajo determinadas formas que directa e indirectamente amenazan
a la salud. Podemos ver el pecado en plena actividad en los daños al
medio ambiente, en la pobreza, el aislamiento social, la discriminación,
la opresión y la violencia que degradan la salud y las relaciones
necesarias que le sirven de apoyo.
Cuando entendemos la salud en este contexto más amplio,
nos damos cuenta de que por nuestra sola mano no podemos ser saludables.
Nos ayudamos unos a otros a conseguir una buena salud por medio de
nuestras formas de vida en comunidad, y a través del apoyo a quienes
proporcionan toda forma de servicios de atención médica y sanación. La
atención médica, por lo tanto, debe ser un esfuerzo compartido.
Enfermedad
Quienes se encuentran enfermos experimentan una pérdida
de bienestar o integridad. La enfermedad trastorna sus vidas, limita sus
actividades, perturba sus relaciones y les acarrea sufrimiento. La
enfermedad puede acercar a uno a Dios y al prójimo, pero no siempre.
Puede que las personas que padecen condiciones de salud graves o crónicas
sientan a sus propios cuerpos como algo que carece de integridad y unidad.
Incluso puede que algunos sientan como si sus cuerpos o mentes estuvieran
más allá de su control.3
Puede que se sientan aislados de los demás. Finalmente, es posible que
las personas enfermas se sientan incluso separadas de Dios. Puede que se
esfuercen por entender su sufrimiento, tal como lo hizo el salmista: “¿Por
qué me desprecias, Señor?” (Salmo 88:14); “¡Soy como un preso que
no puede escapar!” (Salmo 88:8); “sólo tengo amistad con las
tinieblas” (Salmo 88:18).
Sanación
La sanación es el restablecimiento de la integridad y
unidad de cuerpo, mente y espíritu. La sanación aborda el sufrimiento
causado por la alteración de las relaciones con Dios, con nuestro
prójimo y con nosotros mismos. Implica curarse cuando sea posible, pero
abarca más que la simple curación. Cuando limitamos la enfermedad a su
manifestación física y la atención médica a la curación, obviamos las
dimensiones más profundas de la sanación por medio del restablecimiento
en Dios.
Las Escrituras hablan con voz potente de la sanación. Al
inicio de la historia de Israel, Dios anuncia: “yo soy el Señor, el que
los sana a ustedes” (Éxodo 15:26). Dios promete venir al final como “la
luz del sol, que en sus rayos trae salud” (Malaquías 4:2). Al final,
Dios sanará a todos los que invoquen el divino nombre. Dios “destruirá
para siempre la muerte” y “secará las lágrimas de los ojos de todos”
(Isaías 25:7-8; vea también Apocalipsis 7:17). Cuando la Biblia habla de
sanación, con frecuencia anticipa esta “sanación completa” que Dios
reserva para las personas por medio de la fe en Jesucristo (Hechos 3:16).
En tales pasajes la sanación incluye curación, restablecimiento,
salvación, perdón, transformación, consecución de la paz y la victoria
sobre la propia muerte. La sanación de Dios, sin embargo, no se limita al
final de la vida o del tiempo. La Biblia también proclama un Dios que
sana la enfermedad y cura las enfermedades en el tiempo presente; la
sanación de los enfermos y el alivio al sufrimiento que todas las
personas buscan en su vida cotidiana.
El Dios trino sana dentro y a través de la obra de crear,
redimir y sostener a la humanidad. Dios el Creador sana a través de
procesos naturales del cuerpo y se encuentra activo en la labor de los
sanadores de todo el mundo. Las actividades humanas de sanación en toda
su variedad —medicina y otras tecnologías biomédicas, prácticas
culturales y religiosas, organizaciones gubernamentales y sociales,
comportamiento humano y decisiones— pueden ser caminos de sanación
bendecidos y posibilitados por Dios. Puesto que los seres humanos son
finitos, ninguna de estas actividades producirá una salud perfecta; cada
una de ellas puede ser objeto de abuso a causa del pecado. Sin embargo,
Dios nos otorga curiosidad e inteligencia, habilidades y talento con los
cuales capacitarnos para cumplir con nuestras responsabilidades hacia
nuestra propia salud y con los entornos sociales y físicos que afectan a
nuestra salud. Esta interpretación tradicional luterana nos lleva a dar
gracias por la obra de sanación de Dios en la creación y la vocación
humana y por medio de las mismas.4
La obra redentora de Dios también incluye una dimensión
de sanación. El Nuevo Testamento proclama a Jesús como la presencia
encarnada de Dios y por lo tanto, como el Salvador y sanador de todos. Los
Evangelios presentan a Jesús como el Sanador (Mateo 4:23-25) y están
repletos de historias de obras de perdón y sanación. Jesús sanaba
porque en él se encontraba la presencia total de Dios, y seguimos
proclamando la presencia de perdón y sanación de Cristo en la Palabra y
los Sacramentos. Ofreciendo una esperanza de resurrección futura, Jesús
sigue estando a nuestro lado en nuestra enfermedad y sufrimiento con su
presencia sanadora. Damos gracias porque nuestra sanación final, y la
salvación con respecto al pecado y la muerte, han sido conquistadas
irrevocablemente para nosotros con la muerte y resurrección de Cristo.
La sanación de Dios llega por medio del Espíritu Santo
que sana, santifica y transforma mediante una variedad de dones. En la
Iglesia y a través de ella, el Espíritu Santo trabaja para sanar por
medio del ministerio de la Palabra y los Sacramentos, las intercesiones y
las liturgias para la sanación, la oración y la imposición de manos y
unción con aceite, la atención pastoral y los ministerios de servitud,
la consolación mutua de las hermanas y hermanos cristianos y los
ministerios de salud, los congregacionales y los que están relacionados
con la iglesia y que se dirigen a todas las personas.
La obra sanadora del Dios trino es la base del compromiso
de la Iglesia con la buena salud, la sanación y la atención médica.
Dios nos da salud y sanación dentro de la comunidad de relaciones de la
cual como criaturas dependemos. A
| Nuestro
llamado a ser los fieles administradores de nuestra proia
salud y a cumplir con nuestras obligaciones con respecto a
la salud de los demás proviene del Dios que sana y
redime a toda la creación. |
|
esta comunidad, aunque quebrantada, Dios la restablece en
Jesucristo. Nuestro llamado a ser los fieles administradores de nuestra
propia salud y a cumplir con nuestras obligaciones con respecto a la salud
de los demás proviene del Dios que sana y redime a toda la creación.
Atención Médica
La atención médica es un esfuerzo compartido. De igual
manera que la salud de cada persona descansa en los demás, la atención
médica depende de nuestra preocupación por los demás y por nosotros
mismos. Hablando en general, el término “atención médica” abarca
una amplia gama de servicios utilizados para tratar síntomas o
enfermedades, o para conservar la salud. Los pacientes y quienes los
atienden son más que consumidores o proveedores; son personas integrales
trabajando juntas en relaciones de sanación que dependen de la comunidad
y la preservan. Aunque se puedan comprar y vender los bienes y servicios
de atención médica, ésta es sobre todo una actividad de cuidados que
surge de las relaciones de responsabilidad mutua, preocupación y
confianza, y que no se puede reducir a un mero artículo de consumo.
Independientemente de los medios utilizados para
proporcionar atención médica y asegurar el acceso a la misma, debemos de
conservar con diligencia la naturaleza de la atención médica como un
esfuerzo compartido. Esto significa que reconocemos nuestras
responsabilidades mutuas y nos apartamos de las formas en que la
motivación para elevar al máximo los beneficios y vender la atención
médica como un artículo de consumo ponen en peligro la salud y la
calidad de la atención médica para todos.
Para los cristianos la expresión “estar bien” no
significa no padecer dolor y sufrimiento. Los seres humanos somos finitos
y vulnerables, y por lo tanto reconocemos que hay límites en aquello que
esperamos de la salud y la atención médica para nuestras familias y para
nosotros mismos. “Estar bien” significa que participamos del propio
“amor más grande” de Cristo (Juan 15:13) dándonos a los demás y
compartiendo su sufrimiento en emulación de Cristo, quien cargó con el
sufrimiento de todos. Como el Buen Samaritano, debemos vendar las heridas
de aquellos de nuestros prójimos que necesiten sanación,
independientemente de quién pueda ser ese prójimo (Lucas 10:29-37).
Una visión de la atención médica y
la sanación como un esfuerzo compartido
A la luz de estas perspectivas bíblicas y teológicas,
abordamos la crisis de salud en Estados Unidos con sus inconexos servicios
de atención médica, sus altos costos de tratamiento y su incapacidad
para proporcionar el acceso a muchos. Aunque necesarios, los esfuerzos
paulatinos para reformar la atención médica sin un objetivo claro
resultarán inadecuados para esta tarea. Ofrecemos una visión de la
atención médica como un esfuerzo compartido que se fundamenta en las
dimensiones básicas de la salud, la enfermedad, la sanación y la
atención médica, en relación con las responsabilidades
interdependientes que deben ser abordadas si se quiere conseguir un
progreso hacia una mejor atención médica.
Responsabilidades personales
| Cada uno de nosotros
tiene la responsabilidad de ser un buen administrador de su
propia salud por agradecimiento al don de la vida y con el
fin de servir a Dios al prójimo. |
|
Cada
uno de nosotros tiene la responsabilidad de ser un buen administrador de
su propia salud por agradecimiento al don de la vida y con el fin de
servir a Dios y al prójimo. Esto significa adoptar medidas eficaces para
promover la salud y prevenir las enfermedades y dolencias (por ejemplo,
comer bien, hacer un ejercicio adecuado y dormir bien; evitar el consumo
del tabaco y el uso de drogas, limitar el alcohol y utilizar los
cinturones de seguridad del auto). Significa que la responsabilidad hacia
la salud se deberá equilibrar con otras responsabilidades. También
significa buscar la atención médica que sea necesaria, reconocer que la
discapacidad, las dolencias y la enfermedad sí ocurren, incluso en
aquellos que son buenos administradores de su salud.La salud es una
bendición de Dios. Es correcto y adecuado que prestemos atención a
nuestra salud y sanación; sin embargo, demostramos el poder del pecado
cuando nos dejamos absorber indebidamente por nuestra propia persona y
convertimos a la salud en un ídolo al negar nuestra propia mortalidad. La
tentación de convertir a la salud en nuestro dios se puede volver
evidente en nuestra preocupación excesiva por la apariencia física y en
el hecho de negar el envejecimiento o negar la inevitabilidad de la muerte.
También nos puede llevar a exigir recursos ilimitados por servicios que
van más allá de una administración responsable de la buena salud.
Los pacientes y los profesionales de la atención médica
comparten la responsabilidad de utilizar sabiamente los recursos de la
atención médica. No por el simple hecho de que exista algún tratamiento
o procedimiento, eso significa necesariamente que deba ser utilizado en
todos y cada uno de los casos. El paciente, su familia y los proveedores
de atención médica necesitan tomar decisiones pensadas que sirvan a los
objetivos y bienestar del propio paciente y que tomen en serio los
límites de los recursos de la atención médica. Esto puede significar,
por ejemplo, que las personas que se encuentran cerca del fin de sus vidas
elijan renunciar a tratamientos costosos, cuya eficacia podría ser muy
limitada. Animamos a las personas a que hablen con sus familias y
proveedores de atención médica sobre los objetivos del tratamiento y los
tipos de atención, y a que tomen decisiones que reflejen su
responsabilidad de ser buenos administradores de su propia salud y de los
recursos disponibles. Vivimos bajo las tensiones creadas por los límites
de los recursos para la atención médica, con la esperanza de la
sanación en esta vida y con la confianza puesta en la promesa de Dios de
integridad y vida eterna.
Los adultos y sus familias hacen bien cuando se preparan
para las futuras decisiones que puede que necesiten tomar con respecto a
la atención médica, especialmente con respecto a la atención médica al
final de su vida o si caen en situaciones en que ya no les sea posible
expresarlo verbalmente por sí mismos. Las conversaciones con los seres
queridos y los profesionales de la atención médica con respecto a deseos
y valores, sumadas al uso de directrices establecidas con antelación,
ayuda a los demás a respetar los deseos de una persona y a minimizar el
tremendo estrés y sufrimiento que pueden conllevar las decisiones de
tratamiento tomadas a última hora.
Nuestras responsabilidades personales con respecto a la
salud también se extienden para ayudar a los demás a satisfacer sus
necesidades mientras los apoyamos en el proceso de hacerse responsables de
su propia atención médica. Todos tenemos oportunidades con nuestros
familiares, amigos y vecinos de proporcionar comidas, transporte o
consuelo para quienes se encuentran enfermos y apoyar a sus proveedores
médicos, tanto profesionales como voluntarios. También tenemos
oportunidades para orar los unos por los otros. Debemos evitar culpar a
las personas por sus problemas de salud, y trabajar para minimizar tanto
el estrés de adaptarse a algunas enfermedades como el estigma
potencialmente aislante de las mismas. Por encima de todo, estamos listos
para estar presentes y cuidar de quienes sufren, independientemente de
cuál sea la razón por la cual sufren.
Como ciudadanos, debemos apoyar aquellas medidas de salud
pública que prevengan las enfermedades y promuevan la salud y que se
puedan adoptar sólo a nivel de comunidad, estado y país. También
tenemos la responsabilidad de apoyar esfuerzos similares que aborden la
prevención de enfermedades, la promoción de la salud y el tratamiento a
escala global.
El ministerio de la iglesia
| Un ministerio de
sanación está integrado a la vida y misión de la Iglesia. |
|
Un
ministerio de sanación está integrado a la vida y misión de la Iglesia.
Expresa nuestra fe en el poder de Dios para crear y salvar, así como
nuestro compromiso de cuidar a nuestro prójimo. El Espíritu Santo nos
capacita para que como hijos de Dios podamos cuidar a todas las personas y
buscar su sanación. La Iglesia promueve la salud y la sanación y
proporciona servicios de atención médica a través de sus organizaciones
de ministerio social y de los programas con base en las congregaciones. El
ministerio de la Iglesia puede ofrecer sanación o formas de atención
médica que pueden no encontrarse ni estar debidamente incluidas dentro de
un sistema de atención médica. La Iglesia también apoya la justa
obligación que tiene la sociedad de servir a quienes con frecuencia
quedan fuera de los sistemas de atención médica, y de estar presente con
quienes sufren. El ministerio de la Iglesia, debido a que se origina en la
obra de sanación de Cristo y que la lleva a cabo, es libre para
contribuir al sistema de atención médica, así como para hacer frente a
sus injusticias.
Congregaciones
La adoración se encuentra en el centro del ministerio de
sanación de la congregación. La Santa Comunión nos fortalece, sostiene
y refresca, y sana la atormentada conciencia de los creyentes por medio
del don de la gracia. Predicar y escuchar la Palabra nos da vida por medio
de la promesa de reconciliación con Dios a través de Cristo. La liturgia
nos provee una estructura con sentido que nos fortalece y sostiene. Con
frecuencia, la música y los himnos llevan consuelo y sanación a quienes
están sufriendo. La educación y los cuidados pastorales equipan a las
personas para comprender mejor la enfermedad y lidiar con ella, dentro de
la historia bíblica de la salvación de Dios. Las congregaciones
proporcionan a las personas aceptación, apoyo y comunidad, al escuchar a
quienes se encuentran enfermos y al llevar a Dios, por medio de la
oración, su sufrimiento, injusticias y preocupaciones. Las congregaciones
sostienen estas dimensiones de la sanación en todos los aspectos de su
vida en común y en liturgias especiales de sanación.5
Establecen disposiciones especiales para que quienes se encuentran
enfermos escuchen las Buenas Nuevas y reciban la Santa Comunión. Sus
miembros visitan a los enfermos y a los moribundos; animan y oran por
quienes tienen ocupaciones de atención médica o son cuidadores
voluntarios. Algunas congregaciones desarrollan ministerios específicos
de salud que incluyen centros de consejería, defensa de los derechos
humanos en la atención médica y equipos congregacionales del ministerio
de salud. Los ministerios de enfermeras parroquiales ofrecen programas de
bienestar que incluyen exámenes médicos y educación sobre salud. Como
parte de sus ministerios de salud y sanación, las congregaciones también
pueden:
-
Proporcionar a sus miembros la educación y
oportunidades para la deliberación y la defensa de los derechos
humanos en temas de salud.
-
Asegurar la participación total de todas las personas
en la vida de la congregación al eliminar barreras físicas y de otro
tipo.
-
Ayudar a las personas a evaluar caminos de atención y
tratamiento, ya sea que se trate de la medicina occidental estándar,
de diferentes sistemas complementarios o de aquéllos basados en
creencias religiosas o comunidades de fe, así como a distinguir entre
medios apropiados y benéficos y aquéllos que son potencialmente
inapropiados o explotadores.
-
Buscar formas para colaborar con las organizaciones
del ministerio social de nuestra iglesia y apoyarlas.
-
Proporcionar acceso físico y otras formas de
conexión vital entre las personas enfermas y la atención médica que
necesitan, especialmente en comunidades rurales y barrios pobres.
-
Reforzar los esfuerzos para estar presentes en lugares
donde las personas buscan ayuda en momentos de crisis o necesidad;
ahí donde las necesidades espirituales son comprendidas y cumplidas,
y donde las tradiciones son honradas y compartidas.
-
Prestar especial atención a la salud de todo el
personal, proporcionándole un entorno de trabajo que sea física y
emocionalmente seguro y comprensivo, así como un horario de trabajo
que deje espacio libre para la recreación y la reducción del estrés6
-
Asegurarse que todo el personal a sueldo en la
congregación tenga acceso a servicios de atención médica.
-
Informarse de las preocupaciones globales en materia
de salud y apoyar los ministerios globales de salud.
Organizaciones de ministerio social
Durante muchas generaciones los individuos y las
congregaciones luteranas han identificado las necesidades no satisfechas
en sus comunidades y han trabajado para cumplirlas. Los programas
congregacionales de servicio, por causa de su propio crecimiento, con
frecuencia se han vuelto más formales para atraer socios y recursos más
allá de la congregación. Estas organizaciones de ministerio social
siguen surgiendo de las congregaciones y son parte integral del trabajo de
nuestra iglesia en el mundo. Las congregaciones, las organizaciones de
ministerio social, los sínodos y otros socios tienen un alcance más
eficaz para satisfacer las necesidades médicas del prójimo, al coordinar
esfuerzos y compartir sus fortalezas.
Las organizaciones luteranas de ministerio social
proporcionan una amplia gama de servicios. Estos servicios contribuyen a
dar tratamiento a enfermedades graves y crónicas del cuerpo y de la mente;
proporcionan atención integral a la persona con necesidades y fortalecen
y capacitan a individuos y familias para que se cuiden por sí mismas, se
cuiden unos a otros, y cuiden a sus comunidades. Dentro de estos y otros
ministerios relacionados con la salud, los miembros del personal y algunos
voluntarios ejercen vocaciones de sanación en papeles administrativos, de
atención directa, atención pastoral y gobernativas. Apoyar y desarrollar
estas instituciones y vocaciones es tarea de toda nuestra iglesia.
Como instituciones de esta iglesia que prestan servicios
en nombre de Cristo, las organizaciones de ministerio social tienen la
responsabilidad de vivir esa identidad en todas sus tareas y toma de
decisiones diarias. Las organizaciones luteranas de ministerio social dan
de muchas maneras testimonio de una iglesia en acción: al proteger la
salud y bienestar de aquéllos a quienes sirven; al brindar una
administración cuidadosa de los recursos; al ejercer una atención
respetuosa y equitativa de las necesidades físicas, mentales y
espirituales de las personas a las que sirven; al establecer formas de
hacer preguntas y responder cuestiones de ética, identidad y relaciones.
También promovemos que las organizaciones de ministerio social presten
atención al contexto global de su trabajo y busquen oportunidades para
asociarse con sus homólogas en otros países, con el fin de alcanzar
aprendizaje y beneficio mutuos7.
Las organizaciones de ministerio social enfrentan
ambientes operacionales estimulantes y complejos en su mezcla de presiones
financieras, competitivas, estatutarias y de personal. A medida de que
estas organizaciones colaboran con otras para poder ofrecer atención
médica, buscan conservar y mejorar el acceso a la atención médica
básica y así extender sus servicios a quienes los necesitan. En
cooperación con el gobierno, deben “trabajar con autoridades civiles en
áreas de esfuerzo mutuo, manteniendo la separación institucional de
iglesia y estado en una relación de interacción funcional”8.
La Iglesia Evangélica Luterana en América exhorta a los
gobiernos de todos los niveles a que ofrezcan reembolsos suficientes y
oportunos a las organizaciones de ministerio social por los servicios que
ofrecen en su nombre, y a fin de que les permitan cumplir sus misiones con
integridad y fidelidad. También exhortamos a los líderes de estas
organizaciones a que promuevan las políticas públicas que diseñen
servicios en mayor medida para aquéllos cuyas necesidades de sanación y
acceso a la atención médica son con mayor frecuencia descuidadas,
especialmente quienes tienen recursos financieros limitados. La defensa de
los derechos humanos para cambiar estructuras sociales injustas o
problemas del sistema que exacerban o perpetúan la miseria humana es una
responsabilidad compartida de las organizaciones de ministerio social y de
las personas de esta iglesia, junto con todas las demás que tengan este
propósito común. En tanto que somos personas de fe, debemos atender este
llamado, que nos lleva a prestar atención a las necesidades de nuestro
prójimo y también para prever con valor lo que, con la ayuda de Dios,
podemos lograr juntos.
Defensa de los derechos humanos
La defensa de los derechos humanos es un ministerio de la
Iglesia y de sus miembros en la esfera pública. Los defensores de los
derechos civiles utilizan su voz y acción para influir en las decisiones
en beneficio de su prójimo, lo mismo las privadas que las públicas. Tal
ejercicio de defensa de los derechos civiles le presta una voz de
actualidad al grito profético: “¿Por qué no puede sanar la salud de
mi pueblo?” (Jeremías 8:22). Esta voz se dirige tanto a la política
pública como a las políticas de las corporaciones. Así, la defensa de
los derechos humanos en las políticas públicas la llevan a cabo
determinadas personas, llamadas tanto a hablar con los legisladores en su
nombre, como a proporcionar información y ánimos a los miembros de la
iglesia para que se pongan en contacto con sus propios representantes, en
los niveles nacional y sinodal de nuestra iglesia. La continua defensa de
los derechos humanos que ejerce la Iglesia Evangélica Luterana en
América es una expresión del esfuerzo compartido hacia la atención
médica en la comunidad humana y se basa en pronunciamientos de política
social ya existentes9.
La defensa de los derechos humanos en las políticas públicas es también
responsabilidad de individuos que actúan siguiendo su llamado como
cristianos y ciudadanos.
Este pronunciamiento social continúa y fortalece la
defensa, por parte de la iglesia, de la atención médica. Mejorar el
acceso a la atención médica y encontrar financiamiento adecuado para la
salud pública y los servicios de atención médica preventiva tanto en
medicina preventiva como en la atención de enfermedades agudas y
crónicas, son los desafíos críticos que enfrenta esta abogacía. Todo
ello requiere de una deliberación ponderada y una defensa valiente y
continua por parte de los ciudadanos cristianos y de todas las expresiones
de esta iglesia.
Hacia un mejor sistema de servicios de atención médica
Un sistema de atención médica debe tener el propósito
explícito de promover y mejorar la salud de todas las personas,
reduciendo el impacto y la carga que suponen las enfermedades, lesiones y
discapacidades y promoviendo la sanación, incluso cuando la cura no es
posible. Con demasiada frecuencia, sin embargo, los diferentes sectores de
la atención médica y la promoción de la salud se ofrecen fragmentados y
disconexos. Esto impide el acceso equitativo a los servicios relativos a
la salud y la atención de calidad, especialmente cuando los individuos no
pueden acceder al tratamiento que necesitan. Este sistema debe de ser
coherente, con sus diferentes servicios interrelacionados de manera
funcional y mutuamente responsables. Ningún grupo —público o privado—
puede por sí solo diseñar la estructura o financiamiento de un sistema
así; los representantes de todos los grupos que proporcionan servicios y
financiamiento deben buscar juntos una solución que refuerce esta
interdependencia.
| La atención médica
como esfuerzo compartido implica un conjunto integral y
coherente de servicios de atención de calidad a lo largo de
toda la vida de una persona. |
|
La
atención médica como esfuerzo compartido implica un conjunto integral y
coherente de servicios de atención de calidad a lo largo de toda la vida
de una persona. Como mínimo, cada persona debe contar con un acceso
disponible a los servicios de atención médica, que incluya atención
médica preventiva, atención para casos graves y enfermedades físicas y
mentales crónicas a un precio asequible10.
Estados Unidos no cuenta en la actualidad con un sistema de atención
médica que sea capaz de atender a todas las personas. Por lo tanto se
necesitan cambios significativos en su estructura y financiamiento. Es
necesario esforzarse por discernir las consecuencias de dichos cambios
dentro de los límites de lo que es económica y políticamente posible,
como esfuerzo compartido en el proceso democrático.
Sin intentar describir todos los componentes y atributos de un sistema en
detalle, lo siguiente enfatiza algunas preocupaciones específicas que
requieren nuestra atención.
Servicios publicos de salud
| La salud como
esfuerzo compartido convierte a los servicios médicos
públicos (que se centran en la poblacion integral), en la
base para cualquier sistema de atención médica. |
|
La
salud como esfuerzo compartido convierte a los servicios médicos
públicos (que se centran en la población integral), en la base para
cualquier sistema de atención médica. Exhortamos a que se otorgue un
renovado apoyo político y financiero a los servicios emprendidos en
beneficio de toda la comunidad para evitar epidemias, limitar las amenazas
a la salud, promover un comportamiento saludable, reducir las lesiones,
ayudar a recuperarse de desastres y asegurarse de que las personas tengan
acceso a los servicios que se necesitan. Los gobiernos tienen la
obligación de proporcionar u organizar muchos de estos servicios, pero
todos los servicios dependen de la colaboración activa de toda la
comunidad.
Puesto que las amenazas a la salud no respetan las fronteras nacionales,
las naciones y las organizaciones internacionales deben cooperar en los
esfuerzos de salud pública. A la hora de enfrentar este desafío global,
el gobierno de Estados Unidos y las organizaciones no gubernamentales
tienen la responsabilidad de trabajar con otros en tareas como asegurar la
limpieza de las aguas y la sanación, acabar con el hambre y la
desnutrición y combatir las enfermedades infecciosas, dar respuesta a los
desastres y proporcionar servicios médicos a las mujeres, hombres y
niños que viven en la pobreza.
Atencion integral al paciente
| Cualquier persona que
solicite atención médica debe ser tratada y respetada como
persona integral, no sólo como un receptáculo de
enfermedades o lesiones. |
|
Cualquier
persona que solicite atención médica debe ser tratada y respetada como
persona integral, no sólo como un receptáculo de enfermedades o lesiones.
La atención médica debe ocuparse también de las dimensiones física,
mental y espiritual de la persona que solicite atención. En cooperación
con organizaciones religiosas u otras organizaciones comunitarias, deben
ponerse a disposición del paciente apoyos pastorales y espirituales en
todos los niveles de servicios de atención médica. Endosamos los
esfuerzos por incorporar de forma más consistente los servicios de salud
mental al sistema de atención médica, y por conceder a las necesidades
de salud mental la igualdad con respecto a otras necesidades de atención
médica. El desgastante sufrimiento ocasionado por las enfermedades
mentales —tanto para quienes las padecen como para sus seres queridos—
se ve intensificado por las etiquetas, el aislamiento y la culpa moral que
con frecuencia acompañan a estas enfermedades.
La atención integral del paciente también exige que se
dedique atención a los siguientes asuntos:
Relación entre profesional y paciente. La
sanación depende del tipo y calidad de relación que se establezca entre
el médico (u otro profesional de la atención médica) y el paciente.
Esta relación debe ser una asociación basada en la confianza tras un
objetivo compartido que sea adecuado a las circunstancias de cada
individuo. Elementos básicos para esta relación son: el reconocimiento
de la vulnerabilidad del paciente y el respeto a la confidencialidad que
éste merece, además de la privacidad de la información médica sobre su
caso. Una buena atención también requiere que los profesionales de la
atención médica y los pacientes deliberen juntos sobre los hechos y
valores en cada una de las opciones de la atención. Los médicos y los
hospitales deben entregar información total sobre las medidas que se
pudieran adoptar. Todos los cuidados que apliquen enfoques normales o
complementarios deben prestar sus servicios anteponiendo el interés del
paciente (reconociendo la vulnerabilidad que se incrementa cuando la
persona está enferma) y respetando las diferencias étnicas y religiosas
que pudieran presentarse. El consentimiento informado es un requisito
moral y legal previo a cualquier servicio elegido. Los profesionales nunca
deben de abusar de su poder sino que deben alentar las relaciones de
confianza basadas en una amplia comprensión de la salud y la sanación.
Rebajar la calidad de esta relación —incluyendo el tiempo disponible
para el paciente— por razones financieras o de otra índole socava la
buena atención médica en todas sus dimensiones.
| Siempre podemos
prestar atención, aún cuando no podamos curar. |
|
Curación
y atención. La curación es central para la sanación, y es con
frecuencia un objetivo principal de la atención médica. Nuestra iglesia
celebra los esfuerzos por conseguir curas. Los pacientes y los cuidadores
no deben, sin embargo, considerar la falta de curación como un fracaso,
ni tampoco una causa para abandonar otras formas de sanación y atención.
Apoyamos tanto a los pacientes como a los proveedores de servicios a la
hora de tomar la difícil decisión de que ya no buscarán una cura en
casos particulares. Siempre podemos prestar atención, aún cuando no
podamos curar.
La sanación y los padecimientos crónicos.
Muchas personas viven con la necesitad de una atención a largo plazo por
enfermedades crónicas o discapacidades permanentes. Los éxitos
cosechados para salvar o prolongar la vida han llevado al incremento en la
cifra de estas personas. Un sistema adecuado de atención médica debe
prestar atención a sus necesidades. Para las personas que viven con
dolencias crónicas el concepto sanación debe incluir la atención a la
pérdida de integridad corporal, a las cuestiones de significado, la
alteración en las relaciones, los nuevos retos en la vida diaria y los
obstáculos para la consecución de vocaciones; las condiciones de vida
alteradas y otros rasgos más de las dolencias crónicas. Una parte
esencial de esta sanación es la presencia compasiva de profesionales de
la atención médica y de capellanes, así como la de cuidadores
informales y otras personas de la comunidad.
Otras aproximaciones a la sanación. Cada
vez con mayor frecuencia, las personas también están buscando
aproximaciones a la sanación que por lo general se encontraban fuera de
los modelos estándar del tratamiento médico occidental. Esto refleja con
frecuencia no sólo el deseo de nuevas curaciones, sino también el anhelo
por recuperar los aspectos de la sanación y de los cuidados que han sido
descuidados. Esta iglesia promueve la apertura a estas nuevas formas de
pensamiento, pero ordena una evaluación crítica de todos los métodos de
sanación, la precaución en su aplicación y la humildad en su práctica.
Cuidados paliativos. Los cuidados de este
tipo reducen la carga de los síntomas, proporcionan consuelo y alivian el
dolor y el sufrimiento. Estos cuidados son un componente vital de la
atención médica. Con frecuencia las personas buscan atención médica
para aliviar el dolor y el sufrimiento. A menudo el dolor no está bien
tratado, por diferentes razones, que incluyen el no saber plantear
preguntas sobre el mismo ni reportarlo, o concepciones falsas con respecto
al tratamiento del dolor o ciertas prácticas inadecuadas de
administración del dolor. Los cuidadores deben hacer todos los esfuerzos
razonables posibles para aliviar el dolor, independientemente de si es
posible o no curar al paciente.
El dolor puede causar sufrimiento, pero el sufrimiento
también puede ocurrir en ausencia del dolor. La atención personal
integral —incluyendo las formas pastorales, entre otros métodos no
médicos de atención— reconoce el sufrimiento, busca aliviarlo cuando
sea posible y ayuda a las personas a entenderlo en el contexto de la
salvación de Dios. El sufrimiento hace que con frecuencia las personas
pregunten por qué tienen una dolencia o por qué no se pueden curar. De
igual manera que el camino de Jesús lo llevó por la crucifixión hasta
la resurrección, la fe no garantiza la ausencia de sufrimiento, pero
promete la compañía de Dios en el sufrimiento.
Muerte tranquila. Por medio de Cristo, la
muerte ha sido derrotada y ha perdido su “aguijón” (1 Corintios
15:55). Al depositar nuestra confianza en la promesa de los Evangelios,
quedamos liberados del poder de la muerte y de la necesidad de aferrarnos
a la vida, cueste lo que cueste. Con demasiada frecuencia las personas
mueren solas, en medio del dolor, lejos de sus hogares, sin una buena
atención y sin haber abordado temas importantes de relaciones o asuntos
domésticos. Nuestro sistema de atención médica no debe abandonar a
aquéllos que se están muriendo. Cuando la muerte es inminente, una
muerte tranquila debe convertirse en objetivo de la atención médica, y
debe ser perseguido con tanta confianza y competencia como otros objetivos
de la atención médica, por medio de una adecuada atención paliativa y
servicios como las residencias para enfermos terminales11.
El apoyo de quien cuida de los enfermos
Apoyar a médicos, enfermeras, trabajadores asalariados de
la atención médica, voluntarios y familiares es una obligación central
—no secundaria— de un sistema de atención médica. Al crecer el
número de personas que viven con padecimientos crónicos y al
incrementarse la edad promedio de la población, existe una demanda
creciente de personas que cuidan de los enfermos tanto en instituciones,
como en el hogar. Los cuidadores se encuentran en el corazón mismo de un
buen servicio de atención médica y en la promoción de la sanación.
Tanto nuestra sociedad como la iglesia deben prestar una atención
continua a la promoción de las vocaciones de atención médica y
estimular el reclutamiento de un número suficiente de cuidadores para
satisfacer la creciente demanda. El sentido de justicia exige que las
instituciones de atención médica ofrezcan salarios suficientes y
beneficios adecuados, además de buenas condiciones de trabajo para apoyar
y mantener un número suficiente de cuidadores preparados.
Investigación y desarrollo de tecnología
Esta iglesia reconoce que los frutos de la investigación
médica y la innovación son con frecuencia medios con los cuales Dios
bendice y sana a la creación. Esto supone una alabanza para el importante
trabajo de la investigación médica y apoya a la inversión en sus
objetivos de sanar las aflicciones, aliviar el sufrimiento humano y
promover su bienestar. También afirmamos el importante servicio a Dios y
al prójimo prestado por quienes desarrollan y usan las tecnologías y
prácticas curativas.
| La investigación de
la atención médica debe abordar primero aquellas
intervenciones médicas que es probable que mejoren
sustancialmente la salud global de la población en general. |
|
Prevenimos, sin embargo, contra la fe irracional que
concibe al progreso tecnológico como la solución primordial para superar
los problemas sociales y todas las formas de enfermedad, sufrimiento y
muerte física. Los múltiples componentes comunitarios de la salud, tales
como los ambientes comunitarios y las relaciones interpersonales, nos
impulsan a abordar esas dimensiones para prevenir la enfermedad y mejorar
la salud, en lugar de favorecer de manera desproporcionada las soluciones
tecnológicas. También alabamos la investigación continua en los
ámbitos más amplios de la sanación, que incluyen a la promoción de la
salud, las terapias complementarias, la bioética y la vida de calidad
cuando se padecen dolencias crónicas. Pero pedimos precaución con
respecto a ese tipo de investigación que expande una tecnología médica
basada principalmente en las presiones del mercado. La
investigación de la atención médica debe abordar primero aquellas
intervenciones médicas que es probable que mejoren sustancialmente la
salud global de la población en general. A pesar de que este
pronunciamiento no puede explorar las muchas preguntas que surgen sobre
esfuerzos específicos de investigación, esta iglesia apoya una
investigación coincidente con las perspectivas de este pronunciamiento
social y los estándares ampliamente aceptados de la investigación
biomédica.
Educación profesional
Los profesionales de la atención médica deben tener
acceso a una educación económicamente asequible, además de completa.
Esta educación debe incluir la posibilidad de aprender la excelencia
técnica, así como las características que les posibiliten trabajar con
otras personas para promover la salud y la sanación de todo el mundo,
incluyendo los enfermos crónicos y los moribundos. El costo de educar a
los profesionales de la salud debe permitir que personas calificadas
provenientes de todo tipo de contextos se realicen en su vocación. Se
debe prestar atención a la capacidad de proveer un entrenamiento adecuado,
continuo y costeable para apoyar al personal y los voluntarios.
Acceso equitativo a una atención
médica para todos
Una cuestión de amor y justicia
El sistema de atención médica descrito más arriba está lejos de
corresponder a la realidad del mundo actual. Sólo se conseguirá por
medio de la meditada voluntad de involucrarse en ella, por parte de todos
los componentes de la sociedad. Uno de los principales retos es conseguir
un acceso equitativo a la atención médica básica para todas las
personas. En la Iglesia Evangélica Luterana en América nos comprometemos
a trabajar con otras personas para alcanzar este objetivo.
En el corazón de la ética luterana se encuentra el amor
(agape) que nos muestra Dios por medio de Jesucristo, quien dio su vida
por nosotros para que pudiéramos tener vida y tenerla en mayor abundancia
(Juan 10:10). Escuchamos que las Escrituras nos preguntan: “Pues si uno
es rico y ve que su hermano necesita ayuda, pero no se la da, ¿cómo
puede tener amor de Dios en su corazón?” (1 Juan 3:17). En
correspondencia a ese amor de Dios, por lo tanto, trabajamos para promover
la salud y la sanación de todas las personas.
También somos un pueblo impulsado por la justicia. Jesús
dijo que la justicia era una de las “cuestiones más importantes de la
ley”, con demasiada frecuencia descuidada por las personas de religión
(Mateo 23:23). Nuestra búsqueda de la justicia es un llamado de Dios, un
interés especial por los “derechos de los necesitados” (Jeremías
5:28). Puesto que la salud es parte central del bienestar y funcionamiento
personal en la sociedad, una sociedad justa es aquella que apoya la salud
de todos sus miembros.12
Por lo tanto, nuestro esfuerzo común para proporcionar acceso a la
atención médica para todos es una cuestión de justicia social para
todas las personas.
La justicia requiere dar a cada quien lo que le
corresponde. La atención médica es el tipo de bien que con más
propiedad se otorga de acuerdo con la necesidad13.
Con demasiada frecuencia, sin embargo, la atención médica es distribuida
de acuerdo al mérito, el valor o la contribución social, el valor en el
mercado o la capacidad para pagar. Muchas formas de acceso benefician a
algunas personas a costa de otras. Esto sucede porque la elegibilidad para
los servicios o para el financiamiento puede definirse de forma tal que
algunas personas son incluidas mientras que otras no. Los gobiernos o las
compañías deciden pagar algunos servicios que las personas pueden
necesitar en lugar de otros. Las organizaciones y las personas que se
encargan de cuidar de los enfermos pueden decidir ayudar a unas personas
pero no a otras. Estas formas de distribuir la atención médica pueden
faltar a la justicia. Es hora de confrontar directa y urgentemente las
cuestiones de los límites y distribución de esos recursos, para
desarrollar soluciones que resulten más justas.
La justicia también exige una distribución justa de los
beneficios y cargas de la atención médica. Esto no significa tratar a
todas las personas de manera idéntica, sino tratar casos similares de
forma similar. En la actualidad, a pesar de los programas para
proporcionar por lo menos cierta atención a los más pobres de entre
nosotros, el porcentaje de personas con seguro médico es más bajo,
debido a la reducción de los ingresos. Un grupo creciente de individuos y
familias de muchos niveles diferentes de ingresos se encuentran,
independientemente de su voluntad, sin seguro médico. El estatus étnico
también afecta al hecho de tener o no seguro médico: es
significativamente menos probable que latinos, asiáticos y naturales de
las islas del Pacífico, indios americanos y personas de raza negra estén
asegurados, si las comparamos con las personas no hispanas de raza blanca14.
Independientemente de si cuentan con un seguro o no, muchos miembros de
los grupos étnicos en desventaja tienden a tener una salud más
deficiente que las personas de raza blanca, de igual manera que quienes
viven en la pobreza tienden a tener una salud más deficiente que quienes
tienen ingresos más altos. Llamamos a nuestra sociedad a que conceda
prioridad a las personas y grupos que no se están beneficiando con el
acceso a los servicios de atención médica y la investigación: son las
personas que no tienen seguro o lo tienen deficiente; las personas que
viven en la pobreza, las que habitan zonas rurales, los inmigrantes,
residentes de territorios estadounidenses y Puerto Rico, los grupos
marginados y todos aquellos que sufren las consecuencias de nuestro
fracaso a la hora de instrumentar y aplicar una protección adecuada para
la salud pública.
Trabajando por un acceso justo
A pesar de que resulta claro y convincente el mandato de
un acceso equitativo a la atención médica para todos, las preguntas
sobre los mejores mecanismos administrativos y financieros para
conseguirlo deja espacio para un desacuerdo legítimo en esta iglesia y en
la sociedad. Puesto que la atención médica es un bien social vital para
muchos, las personas también difieren legítimamente con respecto de
cómo los gastos de atención médica se deben equilibrar con otros bienes
sociales.
Nuestra obligación podría satisfacerse por medio de
alguna de las varias combinaciones de medios personales, de mercado y
gubernamentales, aunque ninguno de estos medios puede por sí mismo
proporcionar un acceso equitativo a la atención médica. Aceptar la
responsabilidad personal de la propia salud y de la salud de los demás
puede satisfacer algunas necesidades de la atención médica y
proporcionar cuidados de maneras importantes; sin embargo, muchas personas
quedan sin una atención adecuada debido a la desigual distribución de la
atención médica y la riqueza. Los mercados de los servicios de atención
médica pueden contribuir al disfrute de una calidad y eficiencia
mejoradas, pero también pueden contribuir a tener que enfrentar gastos
mayores, un acceso desigual y un tratamiento tanto excesivo como
defectuoso. Los gobiernos están moldeados por presiones políticas y con
frecuencia funcionan con ineficiencias; sin embargo, como representantes
de todos los ciudadanos tienen la responsabilidad específica de asegurar
las obligaciones de la sociedad para promover el bienestar general. Esto
incluye áreas tales como la seguridad, la educación y la atención
médica. Las medidas de salud pública que aseguren agua limpia y
alimentos seguros, o la prevención y el combate de los brotes de
enfermedades infecciosas son tan “comunitarios” que bien pueden
cubrirse desde una base exclusivamente gubernamental y con un gasto
adecuado del dinero que procede de los impuestos.
Al garantizar la justicia y al promover el bienestar
general, los gobiernos también tienen el papel único de asegurar el
acceso equitativo a la atención médica para todos. Este papel no
necesariamente implica la existencia de un programa gubernamental
específico o un enfoque adicional a la cobertura de la atención médica.
Sí significa, sin embargo, que los gobiernos deben asumir la obligación
de proporcionar liderazgo y coordinación a la hora de equilibrar los
intereses privados y sociales en conflicto, con el fin de cumplir el
objetivo de facilitar el acceso equitativo a la atención médica. De
manera que sean justas tanto en su proceso como en sus resultados, los
representantes de los ciudadanos en el gobierno deben emprender la tarea
—llena de desafíos— de definir el nivel de los servicios de atención
médica a los que cada persona debe tener acceso.
Cumpliendo con nuestras obligaciones
| Exhortamos a todas
las personas a defender el acceso a una atencion médica
básica para todos y a participar vehemente y
responsablemente en el debate público sobre cómo cumplir
mejor con esta obligación. |
|
Concretar el cumplimiento de estas obligaciones de amor y justicia
requiere sacrificio, buena voluntad, sentido de justicia y un compromiso duradero
de ubicar las responsabilidades personales y sociales de amor y justicia
por encima de los intereses egoístas más restringidos en el plano
individual, institucional y político. Para algunas personas, esto puede
significar pagar más impuestos o incluso pagos directos para asegurarse
de que todo el mundo cuenta con atención médica. A pesar de lo difícil
que pueda sonar todo esto, los ciudadanos no deben atemorizarse ante estos
retos morales. Exhortamos a todas las personas a defender el acceso a una
atención médica básica para todos y a participar vehemente y
responsablemente en el debate público sobre cómo cumplir mejor con esta
obligación. El fallo crónico de nuestra sociedad para proporcionar a sus
ciudadanos el acceso a los servicios de atención médica básica es una
tragedia moral que ya no debe ser tolerada.
Al lado de la búsqueda de la justicia, en la Iglesia
Evangélica Luterana en América reconocemos la obligación bíblica de
que cada persona en la sociedad es responsable de su prójimo. Nadie de
entre nosotros está libre de pasar “al otro lado” (Lucas 10:31-32) y
asumir que los gobiernos y otras personas o entidades se ocuparán de
todas las obligaciones de la atención médica. Por lo tanto, nosotros
buscamos participar en los servicios de atención médica y proporcionar
un complemento a los mismos por amor a todas las personas que se
encuentran en situación de necesidad (Mateo 25:36). Todas las personas de
buena voluntad deben preocuparse especialmente por atender las necesidades
de atención médica de quienes, por la razón que sea, carecen de la
atención adecuada o se encuentran marginados en la sociedad. Las personas
sin poder y con bajo nivel económico, como los pobres, los necesitados,
las viudas y huérfanos y los que padecen enfermedades incurables fueron
el centro de la atención de los profetas bíblicos (Isaías 10:2) y del
ministerio de sanación de Jesús (Mateo 4:23).
Guia etica para
individuos y familias
La atención médica como esfuerzo compartido implica la
asunción responsable de decisiones éticas por parte de individuos y
familias. Al recibir y proporcionar atención médica las personas, sin
duda, en algún momento enfrentarán decisiones difíciles con respecto a
su propio bienestar o al de otros. Las decisiones sobre los tratamientos
de prolongación de la vida se encuentran entre las más frecuentes y
difíciles, pero no son las únicas situaciones para las cuales se
necesita un marco ético.
1. Salud y finitud. El primer paso para encontrar
la guía ética consiste en estar conscientes de cómo nosotros —como
personas de fe— entendemos la salud y la atención médica, y lo que
significa estar sanos. Debemos aceptar los límites impuestos por la
finitud humana y tener expectativas realistas con respecto a la atención
médica, porque nuestros recursos son también finitos. Tarde o temprano
la salud falla; el sufrimiento y la muerte nos llegan a todos. La promesa
de la resurrección significa que el sufrimiento y la muerte no son la
última palabra en nuestras vidas.
2. Amor. Las personas deben siempre actuar por amor,
tal como se ejemplifica en la vida de Jesucristo. El amor significa dar de
nosotros mismos por el bienestar de los demás, no hacer daño, promover
el bienestar del prójimo y tratar a las personas con respeto y dignidad
como hijos de Dios y personas integrales.
3. Administración. La obligación de ser buenos
administradores de lo que Dios nos ha dado debe conformar nuestro uso de
los recursos de la atención médica. Esto significa utilizar sabia y
juiciosamente la salud y la atención médica, y hacerlo en el servicio a
Dios y siguiendo los propósitos de Dios. Las congregaciones son lugares
hacia los cuales los individuos y familias pueden girar la vista en busca
de apoyo y guía a la hora de considerar estas decisiones.
4. Justicia. Además, las personas deben considerar
sus decisiones individuales con respecto a la atención médica y deben
hacerlo dentro del contexto de la justa distribución de los recursos de
la atención médica. La atención médica y sus instrumentos
tecnológicos son cada vez más poderosos y caros. Las personas deben
preguntarse no sólo si están recibiendo un servicio como individuos,
sino también si alguien está quedando rezagado en el avance continuo del
progreso médico.
5. Autodeterminación. Un principio dominante en la
ética de la atención médica es el derecho de los individuos de decidir
libremente qué hacer con sus propios cuerpos y las decisiones de los
tratamientos médicos (autonomía). Este principio nos protege justamente
contra el injustificable paternalismo médico y familiar. Nuestra iglesia
apoya la libertad de los individuos para tomar sus propias decisiones con
respecto a la atención médica, de acuerdo con su propia conciencia y
discernimiento moral15.
Sin embargo, al final las personas pertenecen a Dios, y todo ejercicio de
autodeterminación debe ser siempre entendido dentro de esa relación16.
Como cristianos discernimos nuestras responsabilidades
morales por medio de las consultas a las Escrituras, la experiencia de la
comunidad de fe y el ejercicio de la razón17. Deliberamos
sobre nuestras decisiones no sólo como pacientes o cuidadores de
pacientes, sino como personas que buscan cumplir la voluntad de Dios.
Reconocemos que las dimensiones más amplias de la salud y la sanación,
nos obligan a considerar a nuestro prójimo, y a nuestro amor por él, en
nuestra toma de decisiones. Sobre todo, le pedimos a Dios guía, piedad y
perdón para con todas nuestras decisiones.
Conclusión
Los cristianos sabemos que la salud y la sanación
provienen de Dios, “Él es quien perdona todas mis maldades, quien sana
todas mis enfermedades” (Salmo 103:3). Esperamos con paciencia y
esperanza la sanación, la cual puede llegar por la vía de la curación o
a través de la reconciliación con Dios, con nuestro prójimo y con
nosotros mismos, incluso sin curación. A veces la reconciliación con
Dios o con el prójimo puede ser el preludio de la sanación física: “Por
eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros para ser
sanados” (Santiago 5:16). Tal sanación puede no producir una salud
total, pero sin duda refleja la bondad y la piedad de Dios y anticipa la
sanación total de la vida y la paz que ha de venir.
Aceptar la atención médica como esfuerzo compartido
exige compromisos (por parte de todas las personas) con el bienestar del
prójimo y con el propio bienestar. También exige el compromiso de todos
para trabajar por el cambio en un ambiente político, económico y
cultural que con frecuencia es más un adversario que un colaborador. La
Iglesia es una comunidad que, por medio de la Palabra y el Sacramento y
las acciones de sus fieles, puede dar testimonio de los compromisos de
amor y justicia que necesitará ese cambio.
| Los Evagelios ofrecen
al mundo la esperanza de una vida abundate y eterna, que nos
libera de la idolatría de la salud y el temor a la muerte. |
|
Los
Evangelios ofrecen al mundo la esperanza de una vida abundante y eterna,
que nos libera de la idolatría de la salud y el temor a la muerte. Con
esta libertad, los cristianos podemos aceptar los límites de esta vida y
como un esfuerzo compartido buscar realizar una visión de atención
médica para todas las personas.
Resoluciones
adoptadas por la Asamblea Nacional de 2003
1. Adoptar el documento “Preocupándonos por la salud: nuestro esfuerzo
compartido” como pronunciamiento social de la Iglesia Evangélica
Luterana en América, de acuerdo con las Prácticas y procedimientos de la
Iglesia Evangélica Luterana en América para abordar las preocupaciones
sociales (1997).
2. Pedir a los miembros de la Iglesia Evangélica Luterana en América:
-
Que renueven su oración por la salud de todas las
personas.
-
Que refuercen sus congregaciones como comunidades de
sanación.
-
Que estudien el testimonio que dan las Escrituras del
Dios de la sanación.
-
Que participen en el esfuerzo compartido de atención
médica en sus vidas diarias, utilizando el pronunciamiento social “Preocupándonos
por la salud: nuestro esfuerzo compartido” para ayudar a formar sus
juicios y llevar a cabo sus compromisos.
3. Desafiar a todos los miembros de esta iglesia a que se
conviertan en buenos administradores de su propia salud física y mental,
prestando atención a los cuidados preventivos, los hábitos personales de
salud, la dieta, el ejercicio y la diversión, y haciendo un uso prudente
de los recursos de la atención médica.
4. Exhortar a todos los miembros de nuestra iglesia a que desarrollen
expectativas razonables para su propia salud y para la atención médica
que reciben en cada etapa de la vida y a que inicien una meditada
preparación con los profesionales de la atención médica y con sus seres
queridos, para que sean capaces de tomar decisiones difíciles durante su
atención médica.
5. Animar a las congregaciones e instituciones relacionadas con la iglesia
para que se conviertan en centros de diseminación de la educación en
materia de salud para sus miembros y comunidades.
6. Pedir a todos los pastores, otros líderes enlistados,
maestros de teología, obispos y demás líderes de la iglesia que pongan
una atención renovada en las dimensiones de sanación de las Escrituras,
la liturgia, el himnario, la oración, la atención pastoral y otras
formas de ministerio.
7. Exhortar a todos los líderes de la iglesia a que ayuden a sus miembros
a dedicarse a vocaciones de salud, sanación y atención médica, bajo una
visión de ese trabajo como parte del trabajo sanador de Dios en el mundo,
así como a animar a sus miembros a seguir esas vocaciones;
8. Retar a todas las congregaciones, sínodos, organizaciones de
ministerio social, ministerios de defensa de los derechos humanos sobre
políticas públicas, a otras organizaciones afiliadas de esta iglesia y a
todas las unidades de la organización nacional para que lleven a cabo la
sustancia y espíritu de este pronunciamiento, y para intensificar su
trabajo con los Servicios Luteranos en América y con diferentes grupos
ecuménicos, interconfesionales y seculares para buscar el cumplimiento de
sus compromisos.
9. Exhortar a todos los miembros de esta iglesia a estudiar el
pronunciamiento de prácticas sobre el ministerio de salud de la División
para la Misión Global, con el fin de incrementar la comprensión de los
temas globales de la salud.
10. Instruir a la División para la Iglesia en la Sociedad, en
cooperación con otras unidades de la organización nacional, a que
ofrezcan el liderazgo y las consultas basándose en este pronunciamiento
social y proporcionen información sobre los modelos congregacionales para
los ministerios de salud.
11. Solicitar que la División para Ministerios Congregacionales, en
consulta con la División para la Iglesia en la Sociedad, desarrolle
recursos educativos y de adoración que ayuden a interpretar este
pronunciamiento social.
12. Animar a todas las unidades de la organización nacional a que modelen
los principios de este pronunciamiento social en sus tareas y relaciones
actuales con empleados, y exhortar a todas las congregaciones, sínodos y
organizaciones afiliadas a que hagan lo mismo.
13. Instruir a la Oficina Luterana de Asuntos Gubernamentales para que
defienda la iniciativa de que todas las personas que viven en los Estados
Unidos de América, Puerto Rico y los territorios estadounidenses
disfruten del acceso equitativo a un nivel básico de atención médica
preventiva, y al tratamiento de enfermedades graves y crónicas, tanto
físicas como mentales a un costo accesible. Además, llamar a todas las
oficinas estatales de prácticas públicas de esta iglesia a que hagan lo
mismo, y exhortar a los sínodos, congregaciones y miembros de la Iglesia
Evangélica Luterana en América a que compartan este esfuerzo.
14. Solicitar que la División para el Ministerio:
(a)
Estudie las tendencias actuales y las necesidades futuras para los
ministerios en la capellanía de la atención médica, consejos pastorales,
dirección espiritual y educación clínica.
(b) Examine la educación clínica y académica necesaria para el futuro
de estos ministerios.
(c) Presente al consejo de la División para el Ministerio, a finales del
año 2005, las conclusiones y posibles recomendaciones para la acción.
15. Exhortar a la División para la Misión Global a seguir:
(a)
Cultivando conexiones con iglesias y organizaciones de ministerio social
en todo el mundo.
(b) Estimulando la conciencia en esta iglesia por los temas globales
relativos a la salud.
(c) Llamando a las organizaciones asociadas a hacer lo mismo.
|