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Pronunciamientos Sociales en Español | El Aborto

Este pronunciamiento para la enseñanza social fue adoptado por más de
dos tercios de los votos en la segunda Asamblea General bienal de la
Iglesia Evangélica Luterana en América, Orlando, Florida, 28 de Agosto al
4 de Septembre de 1991.
I. Nuestra Unidad y Diversidad en Cristo
A. Las bases de nuestra unidad
Nosotros, en la Iglesia Evangélica Luterana en América, estamos unidos a todos los seres humanos y a la
creación entera puesto que Dios ha creado tanto a la humanidad como todo lo
existente.
Estamos unidos en Cristo con todos los cristianos en la Iglesia una, santa, católica y apostólica.
Como luteranos, estamos unidos en nuestra confesión de que somos justificados por la gracia a través de la fe
en Jesucristo. Creemos que la Biblia es la fuente y norma para la fe y la vida
cristiana.
B. El don de nuestra diversidad
Puesto que nos hallamos unidos en Cristo a través de la fe, poseemos tanto la libertad como la obligación de
comprometernos en deliberaciones serias sobre asuntos morales.
El aborto provocado, el acto de terminar intencionalmente con la vida que se desarrolla en el seno de la
madre, es uno de los temas sobre la cual los miembros de la Iglesia Evangélica Luterana en América poseen
serias diferencias; diferencias que también encontramos en la sociedad.
Las diferencias encierran promesas o peligros. Nuestras diferencias son profundas y potencialmente
divisorias. Sin embargo, también son un don que pueden conducirnos a una conversación constructiva sobre
nuestra fe, y sus implicaciones para nuestra vida en el mundo.
C. Hablar sobre nuestras diferencias
El tema del aborto evoca convicciones fuertes y variadas sobre el orden social, el rol de las mujeres y los
hombres, la vida y la responsabilidad humana, la libertad y los límites, la moralidad sexual, y sobre el
significado de los hijos en nuestras vidas. Acarrea sentimientos profundos basados en diferentes experiencias
de vida e interpretaciones de la fe y la vida cristiana en el mundo. Si tomamos nuestras diferencias en
serio, debemos aprender a conversar sobre ellas de manera que hagan justicia a nuestra
diversidad.
El lenguage empleado al tratar el tema del aborto no debe ignorar ni el valor que posee la vida en gestación,
ni el valor que tienen la mujer y sus relaciones con otros. No debería oscurecer la seriedad moral de la
decisión enfrentada por la mujer, ni ocultar el valor moral de la vida recién concebida. Tampoco ayuda el
emplear de manera absoluta el lenguage sobre los 'derechos', implicando así que otras consideraciones
morales no competen. Una vida desarrollándose en el seno no posee un derecho absoluto de nacer, como
tampoco una mujer embarazada posee el derecho absoluto de terminar su embarazo. La preocupación y el
interés tanto por la vida de la mujer como por la vida desarrollándose en su seno expresan un compromiso
común por la vida. Esto requiere que, en el debate sobre el aborto, vayamos más allá del lenguaje corriente de
'pro-elección' [pro-choice] vs. 'pro-vida' [pro-life].
II. Las Convicciones de Nuestra fe
Algunas convicciones básicas de fe impregnan nuestros juicios sobre el
aborto:
- Los seres humanos, creados a la imagen de Dios como hombre y mujer (Gen. 1:27-28), son personas con
valor y dignidad intrínsecas. Los seres humanos viven en comunidad con responsabilidades hacia
Dios, hacia uno mismo, y hacia otros. Las mujeres enfrentadas con embarazos no intencionados están llamadas a
ejercer una buena mayordomía de la vida por medio de decisiones responsables a la luz de estas
relaciones. Mujeres y hombres comparten de igual manera la responsabilidad por la procreación, aunque es la mujer
quien se encuentra más íntimamente afectada por las decisiones sobre el
aborto.
- La vida entera es un don de Dios misterioso, profundo. Numerosos pasajes bíblicos expresan este misterio
de la creación (Sal. 139; Jer. 1:5; Isa. 40:26ss; Lc. 1:41; Hch. 17:24-25). Dios crea la vida, la redime a través de
Jesucristo, y la conduce hacia su plenitud en el futuro reinado de Dios. La vida personal es una parte de este
drama divino. Dios crea al ser humano a través de un complejo desarrollo genético, fisiológico y relacional.2
En todas las etapas de su desarrollo la vida humana es un regalo de Dios, y por lo tanto, tiene valor y
dignidad intrínsecos. Guiados por la ley de Dios que ordena y preserva la vida, los seres humanos están
llamados a respetar y a proteger la vida que Dios ha otorgado.
- Lo que Dios ha creado ha sido corrupto por el pecado. Pecado es tanto nuestra condición alienada de Dios,
como las acciones que emanan de esta condición. Los juicios humanos, sus acciones, organizaciones y
prácticas, están marcados por una distorsión de la voluntad y el propósito de Dios para con la vida. El pecado
se evidencia en las distintas formas en que a la vida humana se le confiere un respeto desigual o no es tratada
con dignidad, siendo en vez sujeta al abuso, la violencia y la desatención por parte de individuos, grupos y
sociedades enteras. Estamos atrapados en una red pecaminosa en donde pecamos y a la vez pecan contra
nosotros.
- Dios nos llama al arrepentimiento, a la renovación, y a una vida responsable. Hemos 'muerto al pecado' a
través de nuestro bautismo en Cristo, y a través de él resucitamos a la vida nueva (Rm. 6:2ss). Somos
perdonados y sostenidos por la gracia de Dios. Nuestra fe ha de ser activa en el amor, y nuestra libertad
empleada para el beneficio de los demás. Este es el fruto del Espíritu manifestado en nuestras vidas.
Debemos practicar la justicia, amar la misericordia, y caminar humildemente con nuestro Dios (Miqueas 6:8).
- Como comunidad de pecadores perdonados, justificados por la gracia de Dios a través de la fe en
Jesucristo, estamos facultados y llamados para realizar aquello que sea más efectivo al servicio de las
necesidades del prójimo. Inspirados por el propio ministerio de Jesucristo, nuestro amor al prójimo se
extiende a los que son especialmente más vulnerables, incluyendo tanto a la mujer embarazada como a la vida
en su seno.
III. La Iglesia como Comunidad Que Apoya a la Vida
Puesto que confesamos que Dios es el Creador de la vida, el número de abortos provocados es un motivo de
honda preocupación para esta iglesia.A Nos lamentamos por la pérdida de vidas que Dios ha creado. La
sólida presunción cristiana es la de preservar y proteger la vida. El aborto debe ser solamente una opción de
último recurso. Como iglesia, por lo tanto, buscamos aminorar la necesidad de recurrir al aborto como
solución a los embarazos no intencionados.B
También deploramos las circunstancias que llevan a una mujer a considerar el aborto como la mejor opción
disponible para ella. Nos conmueve la angustia de las mujeres que enfrentan solas embarazos no
intencionados. El pánico y la desolación de tales embarazos, aún en la mejor de las circunstancias, puede ser
traumática. La pobreza, la falta de relaciones solidarias, la inmadurez, las realidades sociales opresivas, el
sexismo y el racismo, pueden intensificar la sensación de impotencia. La perspectiva de tener y cuidar de un
niño puede llegar a ser abrumadora.
Confesamos nuestro pecado como comunidad de fe.C En muchas oportunidades no hemos respetado
debidamente el don divino de la vida, ni hemos provisto las condiciones más conducentes para brindar una
nueva vida al mundo.
Como comunidad de fe buscamos vivir nuestro compromiso con la vida en todas sus dimensiones. Nos
comprometemos a ayudar a las mujeres con embarazos problemáticos de maneras que contemplen y
confronten efectivamente sus necesidades a corto y largo plazo. Esto podría incluir apoyo financiero,
alimenticio, médico, educativo, social, sicológico, como así también espiritual.
Nuestro ministerio de hospitalidad hacia todas las personas debe incluir a las mujeres que han tenido abortos,
mujeres que esten considerando el aborto, niños, familias, y a todas aquellas que dan a luz y crian niños bajo
todo tipo de circunstancias. Esto debería ser reflejado en la vida congre-gacional y en las normas de la iglesia.
Se alienta a las congregaciones para que apoyen en sus predios centros infantiles y jardines de infantes.
También deberían ser provistos servicios y albergue, especialmente para permitir que madres y padres jóvenes
continúen su educación y el cuidado de sus niños. Los miembros de esta iglesia también deberían ser
motivados a convertirse en padres sustitutos y/o adoptivos. Por medio de las normas y prácticas como
iglesia, necesitamos indicar que realmente apoyamos a los niños no sólo en el período previo a su nacimiento,
sino en los largos años subsiguientes.
El matrimonio es el contexto apropiado para las relaciones sexuales. Esta continúa siendo la posición de la
iglesia. Afirmamos que la bondad de la relación sexual supera su carácter procreativo.3 Cuando la relación
sexual no se realiza con el intento de concebir, el uso de métodos anticonceptivos es responsabilidad tanto
del hombre como de la mujer.
Nuestras congregaciones y las escuelas de la iglesia deben ofrecer educación sexual en el contexto de la fe
cristiana. Dicha educación, comenzando en los primeros años, debe enfatizar valores como la
responsabilidad, mutualidad, y la abstinencia de relaciones sexuales fuera del matrimonio. Los padres también
deberían estar preparados para enseñar en sus hogares una sexualidad responsable a sus hijos.
Particular-mente es importante que se le enseñe a los jóvenes, tanto hombres como mujeres, practicar su
sexualidad responsablemente.
Puesto que esta iglesia reconoce el ser padres como una vocación que comparten tanto el hombre como la
mujer, deberíamos alentar y educar a los hombres, desde una edad temprana, para que asuman con más
responsabilidad la crianza de los niños. Las congregaciones deberían ofrecer clases que preparen a padres y
madres, como así también grupos de apoyo.
Ciñéndonos a nuestro compromiso de ser comunidades que verdadera-mente apoyen y defiendan la vida, esta
iglesia impugna las siguientes actitudes degradantes que inundan nuestra cultura, y que pueden contribuír a la
repetida incidencia del aborto: los mensajes de los medios masivos que promueven una actividad sexual
irresponsable; el materialismo, el individualismo y la excesiva preocupación por el propio interés; el deseo de
tener hijos 'perfectos', y la consideración de aquellos que no lo son como si fueran 'desechables'; actitudes y
prácticas que son inhumanas hacia los niños y hacia las mujeres embarazadas; la poca estima de la vida
humana, particularmente de los africano-americanos, hispanos, asiáticos, o nativo-americanos, y de muchas
mujeres y niños en la pobreza.
A través de estos y otros esfuerzos, como iglesia buscamos reducir la necesidad de recurrir al aborto como
respuesta a los embarazos no intencionados.
IV. Guia para Decidir con Respecto a Embarazos no Intencionados
Somos llamados a ser una comunidad compasiva, orando y acompañando a aquellas que pugnan con
decisiones referentes a embarazos no inten-cionados. Alentamos a que mujeres y hombres busquen apoyo y
consejo entre familiares, pastores, profesionales, y amistades de su confianza y respeto. Los miembros de la
iglesia no sólo deben ser conscientes de la complejidad moral de la situación, sino también estar dispuestos a
escuchar y acompañar a las mujeres y hombres a través del proceso de la toma de decisiones, recuperación y
renovación, un proceso que puede incluir emociones como congoja, culpabilidad, alivio, negación, pesar, o
enojo.D
Los pastores y otros miembros de esta iglesia deberían estar preparados para brindar consejería competente y
respetuosa de la integridad de la mujer, del hombre, y de otros que estén involucrados en estas decisiones.
También debería recurrirse a la experiencia profesional de las organi-zaciones de servicio social de la iglesia.
Es importante que aquellos que den consejería a las personas confrontadas con embarazos no
inten-cionados, respeten cuán profundamente el embarazo de la mujer envuelve la totalidad de su
persona cuerpo, mente, y espíritu en relación a todos los compromisos que componen su mayordomía de
la vida. Los consejeros deberían ayudar a evocar su poder de actuar responsablemente, después de haber
meditado y reflexionado sobre todos los factores implicados.
Sea cual fuese la decisión, nuestra respuesta pastoral debe afirmar el valor de la mujer en forma gratuita,
como así también asistir en las implica-ciones resultantes de la decisión, en beneficio tanto de la mujer
como de sus relaciones.
A. Continuación del embarazo
Dada la presunción cristiana de preservar y proteger la vida, esta iglesia, en la mayoría de las circunstancias,
alienta a las mujeres con embarazos no intencionados a continuar con el mismo. La fe y la confianza en las
promesas de Dios tienen el poder de sostener a las personas en situaciones aparentemente insalvables. En
cada situación también debe existir una evaluación realista de lo necesario para tener, criar, y mantener a un
niño a largo plazo, y qué recursos se hallan disponibles o son necesarios para este fin. Las necesidades de los
niños son una constante. Las formas de ejercer la paternidad y/o la maternidad por medio de las cuales estas
necesidades son satisfechas, pueden variar. Si no es posible que tanto el padre como la madre crien al niño,
esto puede efectuarse por uno de ellos, por la familia, o por padres sustitutos o adoptivos.
Esta iglesia alienta y apoya la adopción como una opción positiva en lugar del aborto. Puesto a que hoy día la
adopción es un proceso más abierto, generalmente es más fácil para los padres naturales tener un rol en la
selec-ción de los padres adoptivos, y seguir manteniendo un contacto con el hijo. Estas posibilidades pueden
ser de ayuda teniendo en cuenta el proceso de congoja que sigue cuando la madre y/o padre natural(es)
decide(n) dar a su hijo en adopción después del vínculo establecido durante el embarazo. Se deben tomar
recaudos para seleccionar un proceso adoptivo que no explote sino que asegure el bienestar de todas las
partes implicadas. Al mismo tiempo, reconocemos que existen embarazos no intencionados para los cuales la
adopción no es una alternativa aceptable.
Apoyamos y buscamos hacer factible la adopción de niños por parte de personas con diversas herencias
culturales y raciales, como así también por parte de aquellos que cuentan con recursos económicos limitados.
Sugerimos a los que contemplan la adopción que consideren adoptar niños con necesidades especiales. Las
madres y los padres que opten dar a sus niños en adopción deberían ser afirmados y apoyados,
particularmente en vista a los prejuicios de la sociedad en contra de tales decisiones.
B. Término del embarazo
Esta iglesia reconoce que pueden existir razones sensatas para terminar con un embarazo a través del aborto
provocado. Lo siguiente intenta proveer una guía para aquellos que consideran tal decisión. Reconocemos
que las decisiones necesitan ser tomadas en relación a circunstancias difíciles que varían enormemente. Por
ello, lo que es moralmente responsable en una situación puede no serla en otra.
En la reflexión ética sobre que debería hacerse en el caso de un embarazo no intencionado, debe considerarse
el estado y la condición de la vida en el seno de la madre. También necesitamos considerar las condiciones
bajo las cuales ocurrió el embarazo, y las implicaciones del embarazo para la vida de la mujer.
Un aborto es moralmente responsable en los casos en que la continuación del embarazo plantea un claro
peligro para la vida física de la mujer.
Una mujer no debería estar moralmente obligada a continuar con su embarazo si el mismo ocurre entre
partes que no accedieron volun-tariamente a la relación sexual.E Este es el caso especialmente en
vio-laciones e incestos. También puede ser el caso de situaciones donde las mujeres son tan dominadas y
oprimidas, que no cuentan con otra opción en relación a las relaciones sexuales, además de un escaso acceso
a métodos anticonceptivos. Algunas concepciones ocurren bajo condiciones deshumanizantes que son
contrarias a los propósitos de Dios.
Existen circunstancias de extrema anormalidad fetal que resultaría en un grave sufrimiento y muerte temprana
del niño. En estos casos, previa consulta médica competente, la madre (y el padre) pueden optar
responsablemente por la terminación del embarazo. Ya sea que escojan continuar o terminar dichos
embarazos, esta iglesia apoya a la madre (y padre) con compasión, reconociendo la dificultad involucrada en
tal decisión.
A pesar de que el aborto plantea importantes cuestiones morales en cualquiera de las etapas del desarrollo
fetal, mientras más desarrolada esté la vida en el seno de la madre, más serias llegan a ser estas cuestiones.
Cuando un bebé puede sobrevivir fuera del útero posibilita que otras personas, y no sólo la madre,
intervengan en el cuidado del niño. Esta iglesia se opone a terminar con la vida intrauterina cuando un feto ha
alcanzado tal nivel de desarrollo que puede vivir fuera del útero con la ayuda de la rasonable y necesaria
tecnología médica. Si un embarazo requiere ser interrumpido después de esta etapa, se debe hacer todo lo
posible para mantener esta vida, a menos que haya anormalidades fetales de caracter letal que indicarían la
muerte temprana del recién nacido.
Nuestros compromisos bíblicos y confesionales proporcionan los funda-mentos para continuar deliberando
juntos sobre los aspectos morales relacionados a estas decisiones. Poseemos la responsabilidad de llegar a la
mejor decisión posible a la luz de la información disponible y de nuestro sentido de responsabilidad ante
Dios, el prójimo, y ante nosotros mismos. En todas estas decisiones debemos confiar, finalmente, en la gracia
de Dios.
V. Temas Legislativos Concernientes al Aborto
El propósito de la ley es proteger la vida y la libertad, y asegurar el bienestar general de la sociedad. Una de las
formas más claras por las cuales una sociedad expresa sus actitudes y valores, amén de darles forma, es por
medio de la ley. Por lo tanto, la posición de la iglesia con respecto al aborto debe incluir una orientación para
las decisiones políticas en las cuales se procura la justicia en la sociedad, desde antes del embarazo hasta
mucho después del mismo.
Lo que es legal no es necesariamente moral, y lo que es moral no necesariamente debe ser sancionado por
una ley. Las leyes no pueden imponer el amor cristiano, pero en principio y en el modo de aplicarse deben ser
justas. Los cristianos como ciudadanos, al igual que esta iglesia como institución, deberían unirse a otros en la
defensa y apoyo de leyes justas, como así también propugnar el cambio de aquellas que son injustas. En
nuestro intento por contribuir a la formación de legislación no debemos desatender el derecho de otros, sino
trabajar fielmente a través de los procesos públicos por medio de los cuales se procura justicia para todos.
A. Prevención de embarazos no intencionados
La prevención de embarazos no intencionados es crucial para reducir el número de abortos. Además de los
esfuerzos dentro de la iglesia y de la familia, esta iglesia apoya formas adecuadas de educación sexual en
escuelas, programas comunitarios para la prevención de embarazos, y clases de preparación para padres y
madres. Reconocemos la necesidad de disponer al alcance de métodos anticonceptivos, de considerar la
esterili-zación voluntaria como una opción, y de investigar y desarrollar nuevas formas de anticoncepción.
B. Apoyo a la vida después del nacimiento
Muchas mujeres eligen el aborto como un intento desesperado por sobrevivir en un medio social hostil. A fin
de afirmar el valor de la vida y reducir el número de abortos, como iglesia es esencial esforzarnos por mejorar
la protección y la defensa de la vida en la sociedad.
Es necesario ejercer una mayor responsabilidad social en la atención, el bienestar, y la educación de niños y
familias, a través de medidas tales como el acceso a una atención médica buena y accesible, guarderías para
niños, y vivienda. Los empleadores deberán proveer un ingreso que alcance para satisfacer las necesidades
familiares, y, en el caso de los desempleados, deberá proveerse asistencia gubernamental. Como sociedad
necesitamos brindar un mayor apoyo a la educación, nutrición, y servicios que protejan a los niños del abuso
y la desatención.
Debido a que ser padres es una vocación que comparten tanto hombres como mujeres, esta iglesia apoya las
iniciativas públicas y privadas que proporcionan una adecuada licencia por paternidad y maternidad, una
mayor flexibilidad en el lugar de trabajo, y las medidas que corrijan las disparidades entre los salarios de
hombres y mujeres. La ley debe responsabilizar tanto al padre como a la madre por la manutención económica de sus hijos.
C. La regulación del aborto
Los miembros de esta iglesia mantienen posiciones diferentes sobre el papel y alcance de la ley, y la regulación
con respecto al aborto. Las opiniones varían desde aquellos que creen que todo aborto debe ser prohibido
por ley, con la excepción de los casos donde la vida de la madre esté en peligro, hasta aquellos que se oponen
a que cualquier ley regule el aborto, con la excepción de leyes que protejan la salud y la seguridad de la mujer.
Para algunos, la realidad del embarazo y el aborto no es un asunto donde pueda interferir el gobierno, sino
que compete a la libertad religiosa y de conciencia protegidas por la Primera Enmienda a la Constitución de
los Estados Unidos. Para otros, la función de la ley como protectora de la vida necesita incluir la vida en el
seno de la madre. Algunos enfatizan la capacidad limitada que posee la ley para contrarrestar los abortos, y
sostienen que se acrecentaría el peligro para las mujeres si los abortos fuesen hechos ilegales. Mantienen que
la regulación depriva la libertad de la mujer para optar por el aborto, como así también su libertad de afirmar
la vida optando por tener al bebé. Otros, en cambio, aún ven la necesidad de la implementación de leyes que
protejan en mayor medida la vida en el seno, y que también protejan la libertad de la mujer para optar por el
aborto en determinadas circunstancias.
La posición de esta iglesia es que el gobierno dispone de un rol legítimo en la regulación del aborto. Lo que
presenta un gran desafío es la formulación de políticas con respecto al aborto que posean un consenso
suficientemente amplio como para ser enforzado. Más aún, toda regulación que se pro-ponga debería
contribuir hacia las metas propuestas sin generar problemas mayores que aquellos que se buscaba confrontar.
En el caso del aborto, la regulación pública por medio de leyes se enfrenta a un doble desafío. El primero es
la protección efectiva de la vida prenatal. La segunda es la protección de la dignidad de la mujer y su libertad
para realizar decisiones responsables en situaciones difíciles. El logro de estas metas representa una situación
ardua ya que, por un lado, nuestra sociedad se halla muy divida sobre este tema, y por el otro, las mujeres,
gente de color, y aquellos de bajos recursos, se encuentran pobremente represen-tados en los procesos
legislativos y judiciales. En su abogacía con respecto a estas realidades, la iglesia debe dirigir todos sus
esfuerzos para asegurar que las necesidades de aquellos más directamente afectados, particu-larmente la mujer
embarazada y la vida en su seno, sean seriamente consideradas en el proceso político.
Las leyes deberían ser promulgadas y aplicadas de manera justa para la protección y el amparo de la vida. Del
mismo modo, deberían evitar el sobrecargar excesivamente o hacer peligrar la vida de la mujer.
Dada nuestra convicción de que tanto la vida de la mujer como la vida en su seno deben ser respetadas por la
ley, esta iglesia se opone a:
- la falta total de regulación con respecto al aborto;
- la legislación que aboliría el aborto en todas las circunstancias;
- las leyes que previenen el acceso a información sobre las opciones disponibles para mujeres que enfrentan
embarazos no intencionados;
- las leyes que niegan el acceso a servicios confiables y accesibles en casos de abortos moralmente
justificables;
- al aborto o la esterilización mandatoria o forzada;
- las leyes que impidan a las parejas el uso de métodos anticonceptivos;
- las leyes que son principalmente destinadas a hostilizar a aquellas que consideren o decidan por un aborto.
La posición de esta iglesia es que en casos donde la vida de la madre se encuentre en peligro, donde el
embarazo resulta de una violación o incesto, o donde el embrión o feto presenta anomalías letales
incompatibles con la vida, el aborto previo a la viabilidad del feto no debería estar prohibido por ley, o por la
falta de fondos públicos en el caso de mujeres de bajos recur-sos. Por el otro lado, esta iglesia apoya la
legislación que prohíbe los abortos realizados después de que el feto es determinado viable, excepto cuando
la vida de la madre se encuentra en peligro o cuando anormali-dades letales indican que el recién nacido
moriría al corto tiempo.
Más allá de estos casos, esta iglesia no apoya ni se opone a las leyes que prohíban el aborto.
D. Algunos temas que requieren deliberación adicional
La posición de esta iglesia es que se necesita proseguir con la deliberación sobre cuestiones tales como si se
debería requerir la consulta con el esposo o la pareja, en qué casos y cómo debería solicitarse el
consentimiento de los padres en caso de una menor que desease un aborto, y si deberían ser utilizados
fondos públicos para pagar abortos. Sobre el tema del uso de los fondos públicos para abortos, dos valores importantes entran en conflicto: la
preocupación por la equidad en el acceso a servicios médicos legales, y la preocupación de que el dinero
proveniente de las recaudaciones impositivas no sea utilizado para pagar lo que muchos consideran
profundamente desacertado. Si bien afirmamos enfáticamente la comunicación y el apoyo interfamiliar,
creemos que la ley debería reconocer que en algunos casos la participación del esposo o la pareja en la
decisión podría resultar imprudente o peligrosa (por ejemplo, si la relación se halla deteriorada o es violenta).
Si la ley requiere el consentimiento de los padres en el caso de una menor, debería también especificarse otros
adultos como alternativas si la participación de los padres es inapropiada o no confiable.
El bien común es procurado para todos por medio de los procesos públicos en la sociedad. Esta iglesia
sugiere a sus miembros que participen en el debate público sobre el aborto, con un espíritu de respeto hacia
aquellos con los cuales difieren. Comprometida con un proceso que recoja y de-libere los temas difíciles y no resueltos, esta iglesia alienta a sus miembros, informados por el
entendimiento de la fe y por sus consciencias, a decidir y actuar en referencia a este tema en modos que
respondan a Dios y a las necesidades del projimo.
En conclusión, el rol de la iglesia en la sociedad comienza mucho antes y se extiende más allá de la legislación
regulativa. Ella busca dar forma a actitudes y valores que afirmen a las personas en cualquiera de las
situaciones en que se encuentren. Su cuidado pastoral, su compasión hacia el necesitado, y su asistencia al
sustento de la vida, son factores cruciales para el apoyo de aquellos que deciden tener hijos como de los que
han decidido no tenerlos. Por estos y otros medios, el pueblo de Dios busca ser verdaderamente un apoyo y
defensa de la vida.
Apéndice
Las siguientes enmiendas (en los puntos indicados en el texto) recibieron un apoyo significativo en la
Asamblea General, pero no contaron con la cantidad de votos suficientes para su aprobación:
A "... y nos oponemos al aborto provocado como método para el control de la natalidad."
B "... y de esta manera el número de abortos."
C ampliar el párrafo de la manera siguiente: "Reconocemos que la violación o quitar la vida en cualquier de
sus formas no es conciliable con la voluntad última de Dios para con la creación, siendo por lo tanto un
pecado. Confesamos nuestro pecado como comunidad de fe. Todos los que participan en esta decisión
deberán guiarse por los principios teológicos de "la trágica última opción" o "el bien mayor," que reconoce a Dios
otorgando el don del discernimiento. En muchas oportunidades ..."
D insertar a continuación un nuevo párrafo: "El apoyo dado por los miembros de esta iglesia buscará
testimoniar a la norma bíblica de que Dios es el creador y continuador de la vida. Esta iglesia, y en especial
sus pastores, llevarán a cabo su ministerio tanto con la ley de Dios como con el evangelio de Dios,
proclamando el perdón y la nueva vida a todos aquellos en pena y contrición."
E "Una mujer no debería estar moralmente obligada a llevar adelante su embarazo si el mismo ocurre como
resultado de violación o incesto."
F "El aborto no es aceptable después del primer trimestre."
G "La iglesia debe trabajar vigorosamente para apoyar legislación estatal y nacional que prevea cuidado
prenatal y de maternidad en los casos de mujeres cuyas necesidades no estén adecuadamente cubiertas por el
seguro médico."
Anotaciones
1. El tema del aborto fue tratado por la Iglesia Luterana en América en el pronun-ciamiento social "Sex,
Marriage and Family" (1970) y en una acta aclartoria de 1978. La Iglesia Luterana Americana abordó este
tema en una serie de declaraciones en 1974, 1976, y 1980.
2. La embriología nos provee pistas sobre el complejo misterio de la actividad creativa de Dios. La manera en
que interpretemos y evaluemos estos datos marcará una diferen-cia en la manera en que nosotros, como
cristianos, tomaremos decisiones con respecto al aborto:
El material genético del huevo y del espermatozoide se unen en el momento de la fertilización, formando un
grupo de células originales, indiferenciadas, y disgre-gadas. Entre 40 a 75% de estos zygotes espontáneamente
fallan en implantarse en el útero. Ocurrida la implantación, dos semanas después de la fertilización, co-mienza
el complejo proceso de diferenciación evolutiva, con una relación simbiótica entre el embrión y el cuerpo de
la mujer. Cerca de la octava semana, el embrión se transforma en feto. Alrededor de la décima semana,
emerge una función integrada del cerebro seguido por la emergencia gradualmente más compleja de una
individualidad funcional, con conducta, y eventualmente síquica. El aspecto social emerge a través del
reconocimiento por y en relación con otros, más dramáticamente al acercarse al nacimiento. El feto llega a ser
viable cuando es capaz de sobrevivir en forma desconectada de la placenta. Dependiendo de la asistencia
tecnológica, esto puede ocurrir a los 24 meses, si no antes.
3. Estas posiciones están representadas en pronunciamientos sociales de las iglesias predecesoras (Iglesia
Luterana Americana e Iglesia Luterana en América). Dado que se espera considerar en 1993 un
pronunciamiento social sobre la sexualidad humana, temas referentes a la sexualidad no son tratados en
extensión en este pronunciamiento.
Los pronunciamientos para la enseñanza social proveen un análisis e interpretación sobre un tema, establecen
perspectivas teológicas y éticas relacionadas al mismo, y ofrecen una guía para la Iglesia Evangélica Luterana
en América y su membresía. También ilustran las implicaciones de sus enseñanzas para la práctica social de
esta iglesia. En su empleo como documentos para la enseñanza, su autoridad es persuasiva, no coercitiva. (De
Social Statements in the Evangelical Lutheran Church in America: Principles and Procedures, adoptado por la
Asamblea General de 1989, que también especifica que un apéndice "sea añadido en aquellas declaraciones
que generen una significativa discrepancia en la Asamblea General, resumiendo los puntos de vistas
divergentes.") |