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Ecumenical and Inter-Religious Relations home > Resources > Español > Llamados a Una Misión Común |
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Ecumenismo: La visión de la Iglesia Evangélica Luterana en Américao I. Fuentes
La Iglesia Evangélica Luterana en América (IELA) busca "manifestar la
unidad dada al pueblo de Dios mediante la convivencia en el amor de
Cristo y a través de la unidad con otros cristianos en oración y acción
para expresar y preservar la unidad que el Espíritu le ha dado" (Constitución
de la IELA 4.02.f.) en su fe y vida. Lo que se presenta a continuación
es primero un estudio de las fuentes de autoridad que sirven de base
para el ecumenismo de "la unidad con otros cristianos," y luego un
esbozo de la historia de la experiencia ecuménica Luterana a fin de
sugerir una continuidad con las iglesias predecesoras. Los pasajes importantes del Nuevo Testamento que hablan sobre la unidad de la iglesia tienen como punto de partida y finalidad la unidad de Dios. En Efesios 4, la declaración de "un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo" (vs. 5) culmina en una celebración doxo1ógica de "un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos" (vs. 6; cf., Filipenses 2:10-11). El propósito del ministerio en todas sus manifestaciones (vs. 11-12) es el de traer a la iglesia a la unidad de fe y al conocimiento del Hijo de Dios (vs. 13). Es por lo tanto, un ministerio que debe prestar atención a asuntos de la verdad (vs. 14-15a), para el crecimiento en la unidad en Cristo (vs. 15b-16). La oración de Jesús por sus discípulos en Juan 17, la noche antes de su muerte en la cruz, conecta claramente la unidad con la verdad y la misión. "Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad" (vs. 17) lleva a "así como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo" (vs. 18). Luego Jesús ora "para que todos sean uno. Como tú, Padre, que estás en mí y yo en tí" (vs. 21a). La unidad de los discípulos depende de la unidad con Dios, como Jesús le dice al Padre, "que ellos también sean uno en nosotros." Y la meta de la unidad radica en la misión "para que el mundo sepa que tú me has enviado" (vs. 21b). Según se entiende en la oración de Cristo, la unidad le ha sido dada a la iglesia, no por causa de sí misma, sino para que la iglesia se entregue en su misión al mundo por causa del Evangelio. La iglesia se da cuenta de su unidad mediante acciones, y no simplemente a través de discusiones teológicas. Otras citas en Juan muestran que los discípulos, siendo uno en Cristo y uno entre ellos, son sarmientos de la vid (Cristo) que deben producir "mucho fruto" (15:5). "Habrá un solo rebaño" (10:16) cuando Jesús traiga las "otras ovejas," pues hay "un solo pastor" que murió "para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos" (11:50-52). Pablo se refiere a la iglesia como "un solo cuerpo en Cristo" (Romanos 12:5) o "el cuerpo de Cristo" (1 Corintios 12:27) para acentuar la variedad de dones que poseen los miembros de la iglesia para el bien de todos. Colosenses 1:18 y Efesios 1:22-23 recalcan el señorío de Jesús sobre la iglesia, que es su cuerpo. Por lo tanto la iglesia recibe su unidad de "un Señor" (Efesios 4:5) bajo el cual vive. Al comparar los escritos del Nuevo Testamento surge una tremenda variedad de estructuras y de expresiones de unidad. No se presenta un solo patrón de ministerio o estructura. El Nuevo Testamento también nos recuerda que en los períodos más tempranos de la iglesia ya habían disputas y divisiones (e.g., Hechos 6:1; 15:1-29; Gálatas 2:1-16; 1 Corintios 1:10-17; 3:1-4). De hecho, en varias ocasiones las enseñanzas que causaban división, así como los falsos maestros, fueron condenados (e.g., Romanos 16:17; Filipenses 3:2-20; 1 Juan 2:18-20; 4:1-4; 2 Juan; Judas). A quienes perturbaban la unidad de la iglesia se les consideraba culpables de actuar erróneamente (Gálatas 2:11-20), ya que "no proceden con rectitud, según la verdad del Evangelio" (vs. 14; cf., 2:5) y necesitan volver a la verdad del Evangelio y a la fe en Cristo que son la base esencial para la comunión cristiana. El Evangelio presenta verdades que demandan una acción y una proclamación verdadera y fiel que corresponda con el Evangelio. Por lo tanto, es sólo en el Evangelio donde se puede alcanzar una unidad genuina. Las Escrituras utilizan otro lenguaje significativo para describir a la iglesia. Pablo habla de "comunidad" (o "compañerismo," "compartir," "confraternidad") con los Filipenses en la proclamación del Evangelio (Filipenses 1:5, 7; 4:14, 15). La comunidad en el Evangelio, creada por el Evangelio, movió a los Filipenses a apoyar a Pablo económicamente mientras predicaba el Evangelio. El "Compartir" ("confraternidad") en la sangre y el cuerpo de Cristo produjo la unidad en un solo cuerpo (1 Corintios 10:16-17), mientras que el desdeño del Cuerpo del Señor en la iglesia fue causa de divisiones (1 Corintios 11:17-33). La bendición final de Pablo en 2 Corintios 13:13 deja claro que la comunión con el Espíritu Santo está basada en la gracia en Cristo Jesús y en el amor de Dios. Los cristianos creen que Jesucristo no sólo anunció sino que también trajo el reino de Dios (Marcos 1:13-14). Sin embargo oran, "venga tu (del Padre) reino" en la oración del Señor (Mateo 6:10; Lucas 11:2). El Nuevo Testamento vacila constantemente entre el don dado con la vida, muerte y resurrección de Jesús y la realidad de que la iglesia espera el regreso de Jesús en cualquier momento para alcanzar la justicia, la unidad del pueblo de Dios, y el logro de una comunidad perfecta con Dios. Esta esperanza obliga a la iglesia a esforzarse para manifestar esta unidad y comunión en el aquí y el ahora.
Las Escrituras presentan una visión realista de la inclinación humana
tanto a la separación como a la unidad que es posible mediante la unión
en Cristo. La Biblia nos habla de la voluntad de Dios, y nos advierte de
las constantes amenazas para lograr un compañerismo cristiano basado en
la aceptación mutua. Tanto entonces, como ahora, es necesario orar, "Y
el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener los unos para
con los otros los mismos sentimientos, según Cristo Jesús, para que
unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo" (Romanos 15:5-6) y recordarnos de que "por tanto, acogeos
mutuamente como os acogió Cristo para gloria de Dios" (Romanos 15:7). Las Confesiones Luteranas fueron producto de un esfuerzo de reforma evangélica, la cual–contrario a su intención inicial–resultó en divisiones en el seno de la iglesia Occidental. Como documentos evangélicos, buscan enfatizar el entendimiento de la justificación mediante la gracia a través de la fe como criterio central para juzgar toda la doctrina y vida de la iglesia. Como documentos católicos, afirman que el Evangelio es esencial para que la iglesia sea una, santa, católica y apostólica. Ambas funciones son complementarias, no contradictorias. En casos donde una mala interpretación particular de la tradición católica entra en conflicto con el Evangelio, el veredicto clásico y confesional Luterano era y continúa siendo en favor del Evangelio. La preocupación principal es por la unidad de la iglesia de Cristo bajo el Evangelio, la preservación de la verdadera herencia católica, y la renovación de la iglesia entera. Esta inquietud de las Confesiones se hace evidente en lo siguiente:
En base a este entendimiento bíblico y confesional que se hace presente en su Confesión de Fe (Constitución de la IELA, Capítulo 2), la Iglesia Evangélica Luterana en América se identifica con esta visión mis amplia de lo que es el pueblo de Cristo. El capítulo 4 de la constitución, en su "Declaración de Propósito", establece que la Iglesia Evangélica Luterana en América está comprometida, tanto a la unidad Luterana, como a la unidad Cristiana (4.03.d y 4.03.f.).
El entendimiento del ecumenismo para la Iglesia Evangélica Luterana en
América abarca mis que las denominaciones Luteranas. Esta iglesia se
regocija en los avances hacia un acuerdo respecto al Evangelio con otras
iglesias de diferente herencia histórica y teológica. El nivel de
apertura de otros grupos, así como nuestro propio compromiso confesional
influyen en el desarrollo de relaciones y crecimiento en la unidad con "Todos
aquellos que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor
nuestro, de nosotros y de ellos" (1 Corintios 1:2).
Antes de la Segunda Guerra Mundial ya habían Luteranos del norte de
Europa y algunos de Norte América presentes en las Conferencias
Misioneras Mundiales, que sirvieron de ímpetu primordial para el
movimiento ecuménico moderno. Esta representación Luterana también se
hizo presente en Conferencias de Fe y Orden y Conferencias de Vida y
Trabajo. Es verdad que al principio los Luteranos norteamericanos se
comportaron vacilantes y cuidadosos, algunos mis precavidos que otros,
debido a su preocupación por la verdad confesional, n-dentras que otros
a(in con la misma preocupación confesional, estaban siendo más
receptivos a la participación ecuménica. Con el tiempo, las conferencias
se convirtieron en parte de una organización más continua y unificada,
el Consejo Mundial de Iglesias. La participación de las iglesias que se unieron y sus miembros en los consejos de iglesias a nivel estatal y local, y en el Consejo Nacional de Iglesias de Cristo en E.E.U.U. ha sido en diferentes grados. Este envolvimiento conllevó a un mejor entendimiento de las oportunidades y desafíos de la actividad ecuménica.
Diálogos Ecuménicos Para el año 1982 cuando se aprobó oficialmente la comisión para planear la unión que produjo a la Iglesia Evangélica Luterana en América, los desarrollos ecuménicos estaban expandiéndose rápidamente.
Federación Luterana Mundial
La participación ecuménica en la celebración de los 450 años de la Confesión de Augsburgo en 1980 y los 500 años del nacimiento de Martín Lutero en 1983 infundieron Animo a los Luteranos Americanos.
Posiciones de las Iglesias Predecesoras En su decimoprimera convención bienal de 1982, la Iglesia Luterana en América aprobó el documento "Ecumenismo: Un Compromiso Luterano" como su posición oficial. Esta declaración se estableció como la base para un programa deliberado de estudio y actividad ecuménica. Tres años después, el Consejo Eclesial de la Iglesia Luterana Americana aprobó un documento similar titulado "Perspectiva y Guías Ecuménicas." Por ello, dos de las iglesias predecesoras tenían declaraciones recientes y sólidas expresando su justificación para su envolvimiento ecuménico. En 1982 las tres iglesias predecesoras entraron en el "Acuerdo Luterano-Episcopal"con la Iglesia Episcopal en los Estados Unidos. Luego de años de diálogos bilaterales, estas iglesias pudieron entrar a un nuevo nivel de compañerismo que permitía el reconocimiento mutuo de las iglesias, oración y estudio conjunto, compromiso conjunto de evangelismo y misión, participación interina en la Eucaristía, diálogos en el futuro, y un compromiso a trabajar hacia una comunión completa. Este acuerdo entró en la vida de la Iglesia Evangélica Luterana en América en 1988. En 1984 la tercera serie de diálogos entre Luteranos y Reformados dio un informe a las iglesias. Las recomendaciones de este informe confrontó a las iglesias predecesoras con preguntas criticas. La aceptación del informe de este diálogo, Una Invitación a la Acción, no fue pareja. Las tres iglesias predecesoras reconocieron a la Iglesia Reformada en América y a la Iglesia Presbiteriana (E.E.U.U.) como iglesias que predican el Evangelio, y se comprometieron a realizar proyectos conjuntos y al menos, a un número limitado de expresiones de adoración conjunta. La Asociación de Iglesias Evangélicas Luteranas y La Iglesia Luterana Americana iniciaron una nueva relación con la Iglesia Presbiteriana (E.E.U.U.) y la Iglesia Reformada en América en 1986. La Iglesia Luterana en América tomó acción en 1986 en conforme a, pero sin exceder la "Declaración en Prácticas de Comunión" de 1978. Con la Formación de la Iglesia Evangélica Luterana en América, las relaciones establecidas en 1986 cesaron. Los compromisos hacia relaciones mis plenas con la Iglesia Reformada en América y la Iglesia Presbiteriana (E.E.U.U.), establecidas por las tres iglesias predecesoras en 1986, se dejaron como un desafío a la Iglesia Evangélica Luterana en América. Todos estos eventos señalan que la recepción oficial de los resultados presentados por los diálogos, se ha convertido en un asunto de gran importancia ya que estos informes requieren que las iglesias promotoras tomen acciones específicas. Tales peticiones destacan la necesidad de que las iglesias tomen seriamente la recepción del trabajo de estos diálogos como parte de su vida y fe.
Durante la Formación de
la Iglesia Evangélica Luterana en América En 1983 la Comisión para Fe y Orden del Consejo Mundial de Iglesias transmitió a las iglesias el documento Bautismo, Eucaristía y Ministerio a fin de que lo analizaran y aceptaran. Dos de las iglesias que formarían la Iglesia Evangélica Luterana en América respondieron oficialmente a este texto en el cual se presentan las convergencias. La reacción de las iglesias alrededor del mundo ha demostrado un interés abrumador en lo que se ha convertido y continuará siendo un proceso ecuménico muy importante. Los años previos al surgimiento de la Iglesia Evangélica Luterana en América representaron un período de abundante crecimiento ecuménico que fue ofrecido al nuevo cuerpo eclesiástico al iniciar su vida.
II. Declaración de Compromiso Ecuménico:
A. La Base:
Una Iglesia Confesional
que es Evangélica, que es Católica, y
que es Ecuménica La unidad de la iglesia, tal como se le proclama en las Escrituras, es un don y una meta de Dios en Jesucristo. El ecumenismo es la experiencia festiva de la unidad del pueblo de Cristo, así como la tarea seria de expresar esa unidad de manera visible y estructural, a fin de promover la proclamación del Evangelio para bendición de la humanidad. Mediante su participación en el quehacer ecuménico, la Iglesia Evangélica Luterana en América busca tener apertura en la fe para la obra del Espíritu, a fin de manifestar con mayor plenitud la unidad en Cristo. En relación a otras iglesias, debido a sus confesiones, la Iglesia Evangélica Luterana en América, bajo el señorío de Jesucristo, se entiende a si misma y se involucra en la misión de Dios como una iglesia que es Evangélica, que es católica, y que es ecuménica. Su carácter confesional no se opone a su compromiso ecuménico, sino que le es necesario debido al Evangelio. La intensión de esta descripción pretende ayudar a esta iglesia en la comprensión de su naturaleza ecuménica. Por lo tanto no debe tomarse com substituto a las marcas tradicionales de la iglesia de "una, santa, católica, y apostólica" a las cuales esta iglesia se ha comprometido bajo su subscripción confesional. Tampoco es una lista de características que se han de exigir de otras iglesias como requisito para que esta iglesia entable relaciones ecuménicas con ellas. Ser evangélica significa que está comprometida al Evangelio de Jesucristo (Romanos 1:16; Marcos 1:1). La iglesia es creada por el Evangelio. El Evangelio es mis que la recolección humana o nuestra confesión de lo que Dios ha hecho en el pasado, en Israel, y de manera única en Jesús de Nazaret (2 Corintios 5:19a). Este es la proclamación con el poder de la actividad de Dios en Cristo y en su resurrección (2 Corintios 5:19b-21). Es decir, un evento que nos abre al futuro del amor eterno de Dios, quien mediante Cristo crucificado y resucitado, nos justifica, nos reconcilia, y nos hace nuevas criaturas (2 Corintios 5:17-18). Este Evangelio es incondicional ya que anuncia la promesa segura y certera de Dios, que justifica al impío en Cristo por gracia mediante la fe, sin obras; y sin parcialidad lo provee a toda persona. Este Evangelio es escatológico ya que anuncia la destrucción del último enemigo, la muerte, cuando Cristo entregue el reino a Dios el Padre, y cuando Dios sea todo en todo (1 Corintios 15:24-28). Este anuncio le provee una visión a la iglesia que le ha de informar y guiar en su actividad ecuménica. Ser católica significa estar comprometida con la plenitud de la fe apostólica y su articulación doctrinal para todo el mundo (Romanos 10:8b-15, 18b; Marcos 13:10; Mateo 28:19-20). Este término "católica" declara que la iglesia es una comunidad cuyas raíces se encuentran en el evento de Cristo, y que se extiende a través de todo tiempo y lugar. Reconoce que Dios ha juntado y continua juntando a un pueblo, convirtiéndolo en una comunidad santificada en el Evangelio, el cual ésta recibe y proclama. Esta comunidad, un pueblo bajo Cristo, comparte la fe católica en Dios Trino, da honor a las Santas Escrituras y depende de ellas como fuente de autoridad y norma para la proclamación de la iglesia, recibe el Santo Bautismo y celebra la Santa Cena, incluye un ministerio ordenado, y profesa a la iglesia que es una, santa, católica y apostólica. Ser ecuménico significa estar comprometido con la unidad a la cual llama Dios al mundo en el don salvador de Jesucristo. También significa reconocer la fragmentación de la iglesia en la historia y el llamado de Dios, especialmente en este siglo, a reconciliar esta división del pueblo de Cristo. A través del Espíritu Santo, Dios vivifica a la iglesia en este ministerio. En sus esfuerzos por ser ecuménica esta iglesia:
B. Postura de
la Iglesia Evangélica Luterana en América Las características Evangélicas, católicas y ecuménicas de la confesión de fe de esta iglesia encuentran expresión adicional en los capítulos de la constitución de la IELA que tratan sobre "La Naturaleza de la Iglesia" (Capítulo 3), "Declaración de Propósito" (Capítulo 4) y "Fundamentos de Organización" (Capítulo 5). Esta iglesia es intrépida al extenderse simultáneamente en varias direcciones hacia todos aquellos con quienes puede estar de acuerdo en cuanto al Evangelio sin establecer prioridades entre denominaciones cristianas o grupos no cristianos. Por lo tanto, la Iglesia Evangélica Luterana en América, como miembro de la comunión Luterana mundial, no se compromete únicamente con grupos Luteranos o Protestantes, ni exclusivamente al reacercamiento con el Catolicismo Romano o al desarrollo de relaciones con los Ortodoxos. De manera aún más audaz, la Iglesia Evangélica Luterana en América toma su herencia teológica con tal seriedad, que cree que la palabra justificadora de Dios excluye todo modelo de autojustificación eclesiástica que ha resultado de la herencia polémica del siglo dieciséis. La palabra inicial que la iglesia expresa ecuménicamente, muy bien puede ser una de autocrítica; expresándose contra sí misma pues somos llamados a buscar una verdad que va más allá que todos nosotros y que condena nuestro parroquialismo, imperialismo, y preocupación por nosotros mismos. Si la iglesia puede llegar a expresar esta palabra de autocrítica, encontrará la libertad para rechazar un entendimiento triunfalista y magisterial de sí misma, pudiendo cultivar en su lugar un entendimiento propio como comunidad misionera y dar testimonio de su búsqueda por ser capaz de prestar servicio a la irrupción del reino de Dios. De esta manera la visión ecuménica de la Iglesia Evangélica Luterana en América no será dominada por atender a las controversias y divisiones teológicas de antaño. En vez, se enfocará en la reflexión teológica tanto presente como futura, y la acción misiólogica.
C. Formas De Ecumenismo Desde su postura evangélica, católica, y ecuménica, teniendo una relación obviamente estrecha con su misión, la Iglesia Evangélica Luterana en América se encuentra en la libertad de buscar formas estructurales, ministeriales, y de acción común tales que puedan proveer un testimonio verdadero de la fe cristiana y una expresión efectiva del amor de Dios en Cristo. Tal ecumenismo caracterizará a la iglesia en todas las manifestaciones de su vida. Al tomar iniciativa los sínodos y las congregaciones en actividades ecuménicas, la iglesia entera puede beneficiarse y aprender. Al mismo tiempo cuando la iglesia entera provee guías en su política para las congregaciones, se convierte en el canal a través del cual cada congregación puede ejercer un ministerio al mundo entero en la totalidad de la familia de la fe. La Iglesia Evangélica Luterana en América se involucra a nivel local, regional, nacional, en consejos mundiales de iglesias, así como con otras agencias ecuménicas. En estas relaciones la Iglesia Evangélica Luterana en América es dirigida por el principio evangélico y el principio representativo.
Cualquier excepción necesaria a la práctica de estos principios debido a situaciones locales, puede ser establecida por un sínodo bajo la consulta del Departamento Para Asuntos Ecuménicos de la Iglesia Evangélica Luterana en América. La Iglesia Evangélica Luterana en América participa activamente en diálogos bilaterales y multilaterales, sin considerarlos competitivos sino más bien como medios que se refuerzan el uno al otro para el avance ecuménico. Al mismo tiempo busca otros medios, tales como esfuerzos misioneros conjuntos, instrucción religiosa y el uso de medios de comunicación masivos para crecer en el entendimiento y acuerdo mutuo con otras iglesias. Estos esfuerzos, que incluyen estudios, oración y adoración conjuntos, deben existir en todas las diferentes expresiones organizativas de la Iglesia Evangélica Luterana en América y otras iglesias. Todas estas actividades deben ser fomentadas y servir como medios de información mutua. El ecumenismo local y sus formas tanto sinodales como regionales proveen un campo fértil de progreso y desafío para la unidad de la iglesia. Esto tiene mucho que enseñar y que aprender del movimiento ecuménico nacional e internacional. La primera experiencia de ecumenismo para la mayoría de los cristianos es a través de sus congregaciones, en las reuniones locales de los creyentes que se relacionan con otras reuniones locales de diferentes tradiciones, las cuales comparten el mismo Señor, el mismo Bautismo, y la misma misión. La Iglesia Evangélica Luterana en América es parte de una comunidad Luterana mucho más amplia. Vive en comunión de púlpito y altar con otras iglesias miembros en una comunión expresada en la Federación Luterana Mundial. Aunque sus acciones ecuménicas deben ser propias, tiene la responsabilidad de informar de estas acciones a aquellas iglesias con las cuales sostiene relaciones estrechas así como de considerar sus comentarios y respuestas. La meta y el enfoque del ecumenismo es la claridad de entendimiento entre los cristianos, así como una mayor comprensión de la unidad del pueblo de Cristo. Como tal, se encuentra íntimamente ligado a la misión del Evangelio en todo el mundo. No debe confundirse con la responsabilidad, importante pero diferente de la iglesia, de conversar y llegar a un mejor entendimiento con personas de otras creencias. La Iglesia Evangélica Luterana en América se involucra de diversas maneras en esta tarea, y necesita en el futuro un pronunciamiento oficial separado para describir su compromiso y aspiraciones en esta área. Al prepararse esa declaración, se debe prestar atención especial a la peculiaridad del Judaísmo.
D. Metas y Etapas de Relaciones La comunión plena, que es un don de Dios, está fundamentada en la fe en Jesucristo. Es el compromiso a la verdad en amor, y testimonio a la liberación y reconciliación de Dios. La comunión plena es visible, sacramental, y abarca todo lo que los Luteranos quieren decir con el término "comunión de púlpito y altar," pero se extiende aún más allá de esta formulación histórica debido a la misión obligatoria que le da el Evangelio. La comunión plena es obviamente una meta que las iglesias divididas luchan por alcanzar bajo la dirección del Espíritu de Dios, pero que no la han alcanzado aún. Señala a la comunión plena y a la unidad que vendrá para todos los cristianos con el advenimiento del reino de Dios y la parousia de Cristo, el Señor. Es también una meta que necesita ser definida continuamente. Encuentra sus raíces en el acuerdo logrado en asuntos esenciales, mientras que permite diversidad en asuntos no esenciales. En la mayoría de los casos las iglesias no podrán pasar directamente de su separación a una expresión completa de la unidad dada por Dios. Pero sí pueden esperar pasar por una transición de la separación a la unidad en la que se experimente una o más de las siguientes etapas de estas relaciones:
Para la Iglesia Evangélica Luterana en América las características de la comunión plena son implicaciones teológicas y misiológicas del Evangelio que permiten variedad y flexibilidad. Estas características acentuan que la iglesia debe actuar de manera ecuménica por el bien del mundo, y no sólo por su propio bien. Al menos incluirán lo siguiente, de lo cual parte ya existe en etapas anteriores:
Mantenemos que esta definición y descripción de la comunión plena es consistente con el articulo VII de la Confesión de Augsburgo que dice "Para la verdadera unidad de la iglesia cristiana es suficiente que se predique unánimemente el evangelio conforme a una concepción genuina de él y que los sacramentos se administren de acuerdo a la palabra divina." El acuerdo con el Evangelio puede ser alcanzado sin necesidad de adoptar las mismas fórmulas confesionales Luteranas. En cuanto al orden y las estructuras para la toma de decisiones, ésto permite decisiones más flexibles y orientadas a situaciones concretas. No demanda una unidad orgánica, aunque tampoco elimina la posibilidad de la misma. Esta definición concuerda también con el entendimiento de unidad adoptado por la Séptima Asamblea de la Federación Luterana Mundial de 1984, titulada "La Unidad que Buscamos" (citada bajo la sección de esta declaración de la Federación Luterana Mundial).
Conclusión 1 El texto de "Una Declaración de Compromiso Ecuménico"–adoptado por la segunda Asamblea General de la Iglesia Evang6lica Luterana en Am6rica el 31 de Agosto de 1991, en Orlando, Florida–comienza en la página 45 de este libro. En esta edición ese texto esta precedido por una sección introductoria (Primera Parte: Fuentes), la cual fue originalmente presentada en "Ecumenismo: La visión de la Iglesia Evangélica Luterana en América," adoptada como un "documento de trabajo" por la primera Asamblea General de la Iglesia Evangélica Luterana en América el 25 de Agosto de 1989, en Chicago, Illinois. La sección introductoria de ese documento fue revisada subsecuentemente para ser sometida a la segunda Asamblea General y para ser incluida en este libro. La acción de la Asamblea General de la Iglesia fue: "Adoptar, ya corregida, ‘Una Declaración de Compromiso Ecuménico: Un Pronunciamiento de la Política de la Iglesia Evangélica Luterana en América’ como parte de la política de esta iglesia." A favor—919; en contra—67; abstenciones—4. 2 El texto en sí, adoptado por la segunda Asamblea General de la Iglesia Evangélica Luterana en América el 31 de Agosto de 1991, bajo el título de "Declaración de Compromiso Ecuménico: Un Estatuto de la Política de la Iglesia Evangélica Luterana en América" comienza desde aquí. |
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