SERVICIO NOTICIOSO DE LA IELA
DECLARACIÓN DEL OBISPO
PRESIDENTE DE LA IELA SOBRE LA GUERRA CONTRA IRAK
20 de marzo del 2003
En medio de la angustia por los
eventos que estamos viviendo hoy, y conscientes del desarrollo
ininterrumpido y de las consecuencias desconocidas de la guerra,
en la Iglesia Evangélica Luterana en América compartimos con
todos los cristianos el llamado a ser agentes de la paz. Este
llamado está basado en la creencia de que Dios en Cristo
reconcilia a toda la creación y nos envía en un ministerio de
paz y reconciliación. En nuestras liturgias oramos: "por
la paz en todo el mundo", uniendo nuestra fe en el Dios
Trino con el sufrimiento y esperanzas de nuestro mundo.
La decisión de Estados Unidos de
castigar a Irak con un ataque militar preventivo sin el apoyo de
las Naciones Unidas significa un momento de reflexión para esta
nación y este mundo. Expreso mi profunda preocupación porque
Estados Unidos haya elegido adoptar esta decisión. Nuestro
país, especialmente por su riqueza y poder, tiene la
responsabilidad especial de seguir políticas de cooperación y
buscar resolver los conflictos de forma pacífica. Desde mi
punto de vista, ni Estados Unidos ha ejercido de forma
responsable su papel de liderazgo dentro de las Naciones Unidas
y en esfuerzos relacionados para evitar la guerra, ni han
demostrado nuestros líderes nacionales de forma suficiente que
han seguido todos los caminos razonables antes de emprender el
camino de la guerra. Me preocupa especialmente que esta
decisión haya sido tomada sin un amplio consenso y apoyo en el
seno de la comunidad internacional.
Como iglesia, nuestra labor de
entrar en deliberaciones morales sobre esta guerra y sus
implicaciones más amplias, ni se acaba ni se acabará ahora que
se ha iniciado la guerra. Continuaremos poniendo sobre la mesa
las cuestiones morales y éticas ahora a debate, que incluyen -pero
no se limitan a- la conducta de guerra o el liderazgo de Saddam
Hussein. Debemos continuar inquiriendo sobre los efectos
humanitarios de la decisión de entrar en guerra, especialmente
en lo referido a la protección a los no combatientes y a la
escala de la fuerza militar utilizada. Debemos estar preparados
para responder a las necesidades de las personas desplazadas y
los refugiados, lidiar con la desestabilización regional que
causará la guerra y demostrar nuestra disposición a ayudar en
la reconstrucción después de la guerra. Debemos asegurarnos
que los derechos humanos de todos, tanto dentro como fuera de
Estados Unidos, se respeten y protejan. Nuestras preguntas
inquisitivas incluyen cómo lidia nuestra nación con la pobreza
y la sensación de desesperanza que inundan el Medio Oriente.
Como ciudadanos de un país de
inmenso poder, influencia y riqueza, y como miembros de la IELA,
estamos obligados, creo yo, a enfrentar desafiantemente las
dudas sobre cómo utilizar nuestro poder y riqueza de manera
responsable para desarmar a Irak, para aliviar el sufrimiento
humano en la región y para ejercer el liderazgo en el seno de
la comunidad internacional. La IELA basa su posición en estas
cuestiones en su pronunciamiento social: "Por la Paz en el
Mundo de Dios":
También afirmamos que los
gobiernos deben seguir vigorosamente el camino hacia medidas
menos coactivas frente al de medidas más coactivas: del
consenso sobre la imposición, de la no violencia sobre la
violencia, de la diplomacia sobre el enfrentamiento militar y de
la disuasión sobre la guerra. Con su significativo poder
económico, político, cultural y militar, Estados Unidos tiene
un vital papel de liderazgo en los asuntos mundiales. No puede,
y no debe, retirarse o aislarse del resto del mundo. Ni debe
buscar controlar o vigilar al mundo. Los retos globales no los
puede resolver Estados Unidos por sí solo; mas sin embargo
pocos se pueden solucionar sin la participación de Estados
Unidos.
Al defender sus intereses, todas
las naciones, incluida Estados Unidos, tienen la obligación de
respetar los intereses de otros estados y agentes
internacionales, y de cumplir la ley internacional. Las naciones
deben buscar su propio bien común en el contexto del bien
común global. Los organismos internacionales deben trabajar por
el bienestar de todas las naciones.
En los días y semanas que siguen
pido que todos los miembros de la IELA oren fervorosamente por
la paz, por los miembros de nuestras fuerzas armadas y por todos
aquellos que están en peligro a causa de esta guerra. Sigo
animando a todos los miembros de la IELA a pensar en las
implicaciones morales de estos sucesos y a vivir sus vocaciones
bautismales luchando por la justicia y la paz en toda la tierra.
Rdo. Mark S. Hanson
Obispo Presidente
Iglesia Evangélica Luterana en América
Chicago