
Mensaje Navideño de
2004 del Obispo Presidente de la IELA Mark S. Hanson
Cuando los angeles se volvieron al
cielo, los pastores comenzaron a decirse unos a otros: —Vamos,
pues, a Belén a ver esto que ha sucedido y que el Señor nos ha
anunciado. Fueron de prisa y encontraron a María y José, y al niño
acostado en el establo. Cuando lo vieron, se pusieron a contar lo
que el ángel les había dicho acerca del niño, y todos los que lo
oyeron se admiraban de lo que decían los pastores. María guardaba
todo esto en su corazón, y lo tenía muy presente. Los pastores,
por su parte, regresaron dando gloria y alabanza a Dios por todo
lo que habían visto y oído, pues todo sucedió como se les había
dicho. Lucas 2:15-18, Versión Popular Dios Habla Hoy)
Los pastores estaban maravillados
con los mensajeros de Dios —¡para luego convertirse ellos mismos
en mensajeros! Y no es que nadie en Belén pudiera confundir al
polvoriento grupo con la gloriosa corte celestial, pero los
pastores llevaban el mensaje de los ángeles cuando partieron del
pesebre: la maravillosa noticia del nacimiento del Mesías y el
sorprendente anuncio de la paz en la Tierra. A lo largo y ancho
de su mundo, los aparentemente insignificantes pastores
declararon las mismas gloriosas palabras que el ángel Gabriel.
Sí, todavía estaban en el mundo con todo su sufrimiento y
ambigüedad, toda su división e injusticia. Sí, todavía podían
ser presa de todas las debilidades y errores humanos. Pero ahora
tenían un papel claro en la historia de Dios. Tenían algo
espectacular que contar. Sus voces se unieron a un coro mayor;
un coro celestial.
Lo mejor de todo es que esta
noticia es una maravilla muy actual. El hijo prometido nace en
nuestro seno en este día. Dios desciende —en la Palabra encarnada—
trayéndonos vida a todos. Escuchar esta noticia es arriesgarse a
ser cambiado. La fe para creerla y el valor para volver a contarla
significa una profunda conversión.
Al reunirnos esta Navidad en
nuestras congregaciones, familias y comunidades para escuchar esta
maravillosa historia, también nos pueden sorprender los mensajeros
de Dios —y entonces volvernos parte de ellos. Sí, todavía nos
encontramos en el mundo con todo su sufrimiento y ambigüedad, toda
su división e injusticia. Sí, todavía podemos ser presa de todas
las debilidades y errores humanos. Pero nosotros también tenemos
un papel claro en la historia de Dios. Tenemos algo espectacular
que contar. Nuestras voces se unen a un coro mayor; un coro
celestial. Al recibir el amor de Dios en la Palabra encarnada, ¿cómo
vamos a poder reprimirnos de cantar? ¿Cómo podemos evitar el
entrar a todos los rincones de nuestras vidas y mundo para
proclamar la Buena Nueva? La Palabra realiza su sorprendente obra
no sólo en nosotros sino, sin duda, a través de nosotros. ¡Sí,
incluso de nosotros!
¡Qué hermoso es ver llegar por las
colinas al que trae buenas noticias, al que trae noticias de paz,
al que anunciao la liberación y dice a Sión: “Tu Dios es rey”! (Isaías
52:7 Versión Popular Dios Habla Hoy).
Por la gracia de Dios.
Rdo. Mark S. Hanson
Obispo Presidente
Iglesia Evangélica Luterana en América
Chicago